Singapur albergará la histórica cumbre entre Trump y Kim Jong-un

Donald Trump, tras recibir a los tres rehenes de Corea del Norte. / Afp

«¡Los dos trataremos de que sea un momento muy especial para la Paz Mundial!», ha anunciado el presidente de EE UU en Twitter

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York

Donald Trump era un hombre reafirmado en sus convicciones. La confianza férrea en su instinto, en contra de cualquier opinión establecida, salió reforzada del avión estadounidense que en la madrugada de ayer aterrizó en Washington con los tres rehenes de doble nacionalidad condenados a trabajos forzados en Corea del Norte. ¿Habría que darle por ello el Premio Nobel de la Paz? «Todo el mundo lo piensa, pero no seré yo quien lo diga», respondió halagado el mandatario.

Al despertar, más tarde de lo habitual por haber trasnochado con el recibimiento, el presidente anunció por Twitter que la esperada cumbre con Kim Jong-un se celebrará el 12 de junio en Singapur. «¡Trataremos de que sea un momento muy especial para la Paz Mundial!», escribió.

La sofisticada ciudad-estado al sur de Malasia cumplirá con el lujo al que está acostumbrado y con la confianza del Pentágono, que adiestra a sus pilotos. El secretario de Defensa James Mattis la ha visitado dos veces desde que está en el cargo. A principios de mes participará allí en los Diálogos de Shangri-La, que reunirá a 50 países a sólo diez días del histórico encuentro. La conferencia de seguridad será el marco perfecto para ultimar los preparativos.

Trump no quiso decir si ha hablado ya con «el hombre cohete», lo que sugiere que lo ha hecho. De acuerdo con su estrategia de masajear el ego de quien espera obtener algo, al pie del avión aduló repetidamente la «honestidad» del brutal dictador norcoreano, al que agradeció el «amable» gesto de liberar a los rehenes antes de la cumbre. «Se había sobreentendido que podríamos llevarnos a estas tres magníficas personas durante el encuentro», explicó. «Francamente, no pensaba que esto podría ocurrir (antes de la reunión)».

Kim Dong-chul, Tony Kim y Kim Hak-song no volvían necesariamente a casa, ya que antes de ser detenidos vivían en China o Corea del Sur. Dos de ellos nacieron en China y un tercero en Corea del Sur. El primero ni siquiera habla inglés. Un traductor dijo en su nombre a los periodistas que «nos trataron de diferentes formas. Yo tuve que hacer muchos trabajos forzados pero cuando me enfermé me dieron atención médica».

El régimen norcoreano había entendido el valor propagandístico que ejercería la liberación de los tres rehenes, detenidos precisamente para poder canjearlos durante las negociaciones. Ahora Trump está en deuda con Kim Jong-un de cara a lo que verdaderamente importa: la desnuclearización de su país, el levantamiento de las sanciones y las ayudas económicas y comerciales con las que levantar la economía del depauperado país.

Para coreografiar oportunamente el recibimiento a las 3 de la madrugada hora local, el secretario de Estado Mike Pompeo viajó en un avión separado, lo que permitió al presidente y su esposa exclusividad absoluta en la primera foto, con la comitiva de la Casa Blanca esperando al pie del avión junto a una gran bandera estadounidense. «Probablemente habéis batido todos los récords de las tres de la madrugada en la historia de la televisión», les felicitó Trump satisfecho. Su siguiente reto, «desnuclearizar toda la península coreana». Su ego al servicio de la paz mundial y de las próximas elecciones.

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