Trump ordena la mayor represalia contra Rusia

Una pareja de policías patrulla por un puente frente al Kremlin, en Moscú. :: Mladen ANTONOV/ afp/
Una pareja de policías patrulla por un puente frente al Kremlin, en Moscú. :: Mladen ANTONOV/ afp

El presidente firma la salida de EE UU de 60 diplomáticos y el cierre del consulado en Seattle, en solidaridad con los aliados europeos

MERCEDES GALLEGO NUEVA YORK.

Una semana después de que Donald Trump felicitase con entusiasmo a Vladímir Putin por su victoria electoral, sin preguntarle siquiera por el intento de asesinar a un espía ruso y su hija en Londres, ha ordenado la expulsión de 60 diplomáticos rusos, la mayor de la historia, en represalia por esa conducta «temeraria». A Moscú, que ha estudiado durante años su carácter volátil, no debería sorprenderle.

De hecho, sus propios ciudadanos pensaban ayer que ellos eran los únicos sorprendidos. Horas después del anuncio, el consulado de Seattle, al que se le ha dado hasta el próximo lunes para cerrar sus puertas, negaba servicios a quienes acudían hasta la planta 25 de su edificio para tramitar documentos. «¡He tenido que perder un día de trabajo para esto!», bufaba Luda Rieve al diario 'Seattle Times'. Amén de cogerse un avión para recorrer los 1.500 kilómetros que separan su hogar en San Diego del único consulado ruso que quedaba abierto en la costa Oeste, después de que Obama cerrase el de San Francisco en diciembre pasado como represalia por las interferencias electorales.

Solo en el Estado de Washington viven 88.000 ciudadanos rusos, pero las instalaciones cerradas ayer servían también a otros diez Estados del Oeste americano, desde Alaska hasta Wisconsin. Eso deja abiertos solo tres consulados en todo EE UU: Houston, Nueva York y Washington DC.

El barrido también incluye a 14 diplomáticos que servían al Gobierno ruso en su misión ante la ONU de Nueva York, porque «utilizaban Naciones Unidas como un refugio seguro para actividades peligrosas dentro de nuestras fronteras», dijo la embajadora estadounidense ante esa organización, Niki Halley. Secretaria de Estado de facto hasta que Mike Pompeo ocupe ese cargo, acusó a Rusia de ser «un factor desestabilizador en el mundo» y prometió que «no nos quedaremos con los brazos cruzados ante la mala conducta de Rusia». Según ella, la expulsión de aquellos que «han abusado de su privilegio de residencia en EE UU» demuestra que «las acciones de Rusia tienen consecuencias».

Protesta desde el Kremlin

En la Casa Blanca, el asistente de la portavoz, Raj Shah, prefería enmarcar la decisión en el contexto de colaboración con los aliados europeos y justificar las incoherencias del presidente Trump en las acciones rusas. «Nosotros queremos tener buenas relaciones con ellos pero sus acciones no nos lo permiten», lamentaba. Si Trump había sido tan amigable el martes pasado es porque quería dar la señal de que «nuestra puerta sigue abierta a la cooperación», explicó el adjunto del Departamento de Estado Wess Mitchell.

La perplejidad también había cundido entre los ejecutivos de empresas como Boeing, que ha sido utilizada como excusa para justificar el cierre del consulado ruso en Seattle, repentinamente demasiado cerca de los secretos militares que encierran la base naval de submarinos nucleares en Bangor y la centenaria empresa que fabrica desde misiles a aviones militares.

La compañía Boeing tiene relaciones comerciales muy cercanas con Rusia, que le proporciona titanio para sus aviones, y recibe frecuentemente en sus instalaciones a ingenieros rusos.

El Ministerio de Exteriores ruso expresó las más «enérgica protesta» por las expulsiones «injustificadas» de diplomáticos. En un comunicado, señaló que el paso dado por la UE y EE UU «es una provocación, un gesto hostil que no ayudará a esclarecer las causas ni la identidad de los culpables». El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, aseguró que en su respuesta «nos guiaremos por el principio de reciprocidad».

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