Trump no se disculpa por la trama rusa

Trump, en 2013, junto al cantante Emin Agalarov, el padre de este y Olivia Culpo. :: e. Miller
Trump, en 2013, junto al cantante Emin Agalarov, el padre de este y Olivia Culpo. :: e. Miller

Alaba la intervención de su primogénito después de desvelarse que se entrevisto con una abogada del Kremlin y culpa a la prensa

MERCEDES GALLEGO NUEVA YORK.

En alguna parte de la Casa Blanca Donald Trump se revuelve como un animal furioso. Hasta ayer nadie le había visto fuera de esas paredes. Volvió de Europa satisfecho de su actuación en la cumbre del G-20, por muchos desmayos que provocase su docilidad con Vladímir Putin y su falta de respeto por las instituciones al sentar a su hija en su asiento. Tan pronto como llegó a casa la trama rusa volvió a planear sobre su cabeza. Muchos creen que el último capítulo es el más dañino de todos. Ya no hay duda de que la campaña de Trump sabía que Rusia quería interferir en las elecciones para favorecerle y estaba dispuesta a aceptar su ayuda, pese a ser un delito.

«¿Pero en qué estabas pensando?», le preguntó el presentador de Fox Sean Hannity a Donald Trump Jr. El primogénito de Trump aceptó «encantado» reunirse con una mujer que se le presentó como abogada del Gobierno ruso con información para dañar a Hillary Clinton. «La verdad, que alguien tiene información sobre nuestro oponente», respondió. «La campaña iba a mil kilómetros por hora, ya sabes como son esas cosas», se justificó. El presidente le aplaudió por Twitter: «Mi hijo hizo anoche un buen trabajo. Fue abierto, transparente e inocente. Esta es la mayor caza de brujas de la historia política. Patético!».

No fue un desliz de un 'email' leído con prisas en la vorágine de la campaña. El mayor de los hijos de Trump lo leyó cuidadosamente y se tomó el tiempo para responderlo. «Si es lo que dices, me encanta». Todo hace pensar que esa misma tarde intercambió llamadas con la estrella del pop ruso y socio inmobiliario Emin Agalarov, que hizo de intermediario. En ella aceptó organizar un encuentro con la abogada Natalia Veselnitskaya, que voló expresamente a Nueva York para un encuentro del que, se queja Trump, no obtuvo lo que buscaba.

Tan convencido estaba de que le entregaría información clave para derrotar a Clinton que llevó a la reunión al jefe de campaña Paul Manaford y a su cuñado Jared Kushner, ahora asesor de Trump en la Casa Blanca. Puede que Rusia no le proporcionara nada en ese encuentro, pero ciertamente encontró toda la disposición que buscaba. Cinco semanas después Wikileaks lanzó un potente obús contra la candidatura al publicar los correos que intercambiaron miembros del Partido Demócrata mientras favorecían su candidatura frente a la de Bernie Sanders.

Kushner, en peligro

Kushner no desveló este encuentro en el formulario de gobierno en el que se le preguntó por los encuentros que hubiera tenido con representantes de ejecutivos extranjeros, como tampoco mencionó el que sostuvo con el embajador ruso Sergey Kislyak en diciembre. Por lo mismo, es de todos los miembros de la familia Trump el más susceptible a recibir una condena judicial. Se dice que él y su mujer Ivanka Trump evalúan volver a Nueva York de cara al siguiente curso escolar, pero los asesores del presidente y muchos republicanos de pro les piden que aguanten en Washington, porque les consideran la mejor influencia para un mandatario inestable e impulsivo.

No está claro que la revelación de ese encuentro pueda ser la prueba que dos comités del Congreso y un fiscal especial buscan para conectar a la campaña de Trump con las injerencias rusas, pero todo el mundo está de acuerdo en que es un desastre político. De ahí que el propio Trump se haya mantenido en la sombra. La única entrevista que ha concedido de cara al viaje a Francia que inició ayer fue a una voz amiga, la del telepredicador Pat Robertson, con el que presumió de lo «fantásticamente bien» que se lleva con «todos los países». La estrategia de crear una realidad alternativa para sus seguidores continúa y con ella las divisiones en el país se hacen cada día más profundas.

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