Un traidor que se vendió porque tenía una mísera pensión de enfermedad

RAFAEL M. MAÑUECO CORRESPONSAL MOSCÚ.

El Kremlin negó ayer tener nada que ver con el envenenamiento de Serguéi Skripal e incluso se ha prestado a colaborar para esclarecer el caso. Incluso el ahora diputado y antiguo espía Andréi Lugovói, a quien la Justicia británica considera implicado en el sonado asesinato de Alexánder Litvinenko, también con una sustancia altamente tóxica, polonio exactamente, declaraba que «Skripal no constituía actualmente ningún peligro para la seguridad de Rusia, por lo que su eliminación no tendría ningún sentido» para Moscú.

Pero nunca fue esa la lógica de los servicios secretos a la hora de ajustar cuentas, ya que siempre se consideró que todo traidor debe ser escarmentado para que sirva como ejemplo a otros que puedan pensar pasarse al otro bando.

Los medios de comunicación rusos recordaban ayer a Oleg Penkovski, un 'converso' ejecutado en 1963 cuando tenía 44 años. Igual que Skripal, Penkovski era coronel de la inteligencia militar soviética y tenía acceso a información sensible. Se la vendió a Estados Unidos y Reino Unido, delito por el que fue juzgado y condenado a muerte.

La publicación 'Argumenti y Fakti' sostenía ayer que «el enorme daño que hizo Skripal a la seguridad de Rusia fue equiparable al que asestó Penkovski». Ambos desenmascararon a compañeros que operaban en distintos países de Occidente.

Trece años de cárcel

El primero, sin embargo, no fue condenado a muerte, al menos de forma oficial. A Skripal le metieron trece años de cárcel en 2006, pero no los cumplió porque en julio de 2010 fue canjeado, junto con otros tres topos al servicio de Occidente, por diez espías rusos pillados in fraganti en EE UU, entre ellos la glamurosa matahari Anna Chapman.

En un documental difundido en 2014 bajo el título 'Un topo en el acuario', antiguos compañeros de Skripal cuentan que fue un espía ejemplar, pero, como consecuencia de una grave diabetes, tuvo que dejar el servicio y fue dado de baja en 1997. Tenía entonces solo 46 años y se quedó con una mísera pensión. Continuó reuniéndose con sus compañeros, a los que invitaba a su casa, mientras mostraba un nivel adquisitivo impropio, efectuando además frecuentes viajes. Estas circunstancias despertaron sospechas y terminó siendo puesto bajo una minuciosa observación de los servicios secretos, que descubrieron finalmente su vínculo con el MI6 británico.

Su detención se produjo en 2004 y obtuvo la libertad en compañía del científico Ígor Sutiaguin y los agentes dobles Alexánder Zaporozhski, y Guennadi Vasilenko, canjeados por diez rusos detenidos en Estados Unidos. Skripal se instaló desde entonces en Reino Unido y llevaba una vida muy tranquila.

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