Theresa May, ante el peor de los escenarios

Theresa May realiza los últimos retoques a su discurso de la conferencia del Partido Conservador. :: Christopher Furlong / reuters/
Theresa May realiza los últimos retoques a su discurso de la conferencia del Partido Conservador. :: Christopher Furlong / reuters

El malestar con la mandataria británica y la división en las filas conservadoras nublan aún más el horizonte del 'brexit'

ÍÑIGO GURRUCHAGA LONDRES.

Rivalidades en la política británica han dado gracias retóricas. En el Gabinete de 1945-50, liderado por Clement Attlee -de él dijo Winston Churchill que era «un hombre modesto con muchas razones para serlo»-, las hubo célebres. Cuando alguien dijo al ministro de Exteriores, Ernest Bevin, que el de Sanidad, Aneurin Bevan, «es el peor enemigo de sí mismo», replicó: «No, no lo será mientras yo viva».

George Osborne es del tiempo de Tarantino. Exministro de Hacienda, lugarteniente de David Cameron, fue víctima de la crueldad innecesaria de Theresa May, que no le dejó dimitir; insistió en despedirlo. Es ahora director del 'Evening Standard' y en un perfil publicado en la revista 'Esquire' se afirma que promete a sus colaboradores no cesar en sus ataques a May «hasta que la tenga descuartizada en bolsas en mi congelador».

Osborne tiene historial con los productos fríos. Los colegas liberal-demócratas de la coalición presidida por Cameron han contado que el canciller del Tesoro, hijo de una familia multimillonaria y ahora labrando su fortuna con un variado pluriempleo, cerraba con candado el frigorífico de la cocina, en el ala noble del ministerio, para que los 'lib-dems' no cogieran su botellita de leche para nublar sus tés.

LAS CLAVESUna treintena de diputados 'tories' se han aliado para echarla del cargo Los industriales alemanes alertan a sus socios de que deben prepararse para una salida de la UE abrupta

El viernes, un editorial de su 'Evening Standard' decía que Theresa May tiene ante sí tres opciones. La primera, dimitir inmediatamente. La segunda es que el Partido Conservador sea sacudido en las próximas semanas por intentos de derribarla hasta que le sea imposible gobernar. La tercera es anunciar cuándo se apartará del Gobierno y restaure así su autoridad con fecha exacta de caducidad.

Concluía alentando la rebelión: «Se escucha a los 'tories' decir que, en medio de la negociación más importante en tiempo de paz, este es el peor momento para cambiar de líder. Pero cambiamos de primer ministro en las dos guerras mundiales... ¿Corresponde con el interés nacional el permanecer estancados por una primera ministra incapacitada durante las conversaciones cruciales del 'brexit'?»

Osborne quiere descuartizar a May, y ella regala su cuerpo para el sacrificio. La conferencia conservadora en Mánchester ha mostrado esta semana la división del partido y el Gabinete -tanto por ideas como por ambiciones- sobre el 'brexit'. Fue clausurado por una May que, cuando debía afirmar su autoridad, sometió a su audiencia al tormento de verla batallando media hora con toses y quiebras de voz.

Un hombre de paja

La simpatía humana y la evaluación política se entrelazan en los comentarios sobre el anticlímax de Mánchester. Más nítido, Grant Shapps, expresidente del partido en tiempos de Cameron, Shapps admitió el viernes que una treintena de diputados quiere echar del cargo a May, aunque para lanzar una moción de confianza contra ella se requieren las firmas de un 15 % del grupo parlamentario, lo que actualmente se cifraría en 48 diputados. Shapps es un hombre de paja, el primer líder quizás de los sucesivos golpes que pronosticaba el editorial de Osborne.

May respondió al reto. «El país necesita ahora un liderazgo tranquilo, y eso es lo que yo estoy proveyendo, con el apoyo absoluto de mi Gabinete», dijo. En cuatro años, el Partido Conservador ha convocado dos referéndums y dos elecciones. Ha arrojado al país a la incertidumbre del 'brexit' sin ninguna preparación previa. Y encomendó la tarea de resolverla a May. ¿Al fin la calma? Ayer mismo el ministro británico de Asuntos Exteriores, Boris Johnson, instó a sus compañeros de filas a acabar con las «tonterías» y a respaldar a la jefa del Gobierno, Theresa May, tras desvelarse un complot para echarla del cargo.

Líder desde hace quince meses, activó en marzo la cuenta atrás para negociar el 'brexit' con un mero bosquejo de los objetivos y en abril convocó elecciones anticipadas, en las que su partido perdió la mayoría parlamentaria. Sus ideas programáticas fueron enterradas y pretende alterar el rumbo de las negociaciones con la UE mediante discursos públicos en gran parte vagos y ampulosos.

Las dificultades de un 'Reino Unido global' fuera de la UE son pinchadas por sanciones del Departamento de Comercio de Estados Unidos, proteccionistas del negocio doméstico de Boeing, o por la negativa de ese país, junto a Nueva Zelanda, Canadá, Argentina, Uruguay y Brasil, a aceptar que la UE y Reino Unido se repartan, tras el 'brexit' y sin negociar con ellos, las cuotas de importación agroalimentaria.

En el horizonte inmediato, los embajadores alemán y francés en la UE o el Parlamento de Bruselas rechazan el empeño de May de que su último discurso, en Florencia, muestre que hay suficientes avances como para conversar sobre la relación futura. La cuenta atrás en la decisión de muchas empresas sobre el traslado de localización es finales de año. La Federación de la Industria Alemana ha alertado a sus miembros de que deben prepararse para un 'brexit' abrupto.

May no ha dado seguridad sobre el futuro ni sobre el destino posible de la negociación. En esas circunstancias ha emprendido una nueva reorganización del equipo negociador dentro de la administración pública, que añade desorden a doce meses del posible acuerdo, enfrenta a diferentes departamentos y debilita al ministro responsable, David Davis.

El Partido Conservador y el Gobierno se enredan en torno a qué hacer en el momento decisivo de la cuestión europea, que los ha dividido durante décadas, y contemplan la 'locura' -observación de una diplomática británica- de derrocar ahora a su líder. La alternativa es el laborismo de Jeremy Corbyn. Convencido del descalabro 'tory' en el 'brexit', prepara sus respuestas a una caída vertiginosa de la libra o a una fuga de capitales cuando llegue al Gobierno.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos