Suspenden los rescates en el volcán de Guatemala

Familiares de un joven fallecido víctima de la erupción lloran durante su funeral, en la localidad de Sacatepequez. :: ORLANDO ESTRADA / afp
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Familiares de un joven fallecido víctima de la erupción lloran durante su funeral, en la localidad de Sacatepequez. :: ORLANDO ESTRADA / afp

Las autoridades, que confirman 101 víctimas mortales, creen que la mala climatología pone en peligro a los equipos de socorro

MILAGROS L. DE GUEREÑO CORRESPONSAL LA HABANA.

La continua actividad del volcán de Fuego y los numerosos deslizamientos de lahares registrados a causa de las intensas lluvias obligaron ayer a suspender las labores de búsqueda de supervivientes de la erupción que el domingo causó alrededor de un centenar de muertos en Guatemala. La Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred) considera que, una vez pasados cinco días, apenas hay esperanzas de encontrar a ninguna víctima con vida.

«Las condiciones climáticas y el material aún caliente depositado en el área afectada no son las adecuadas para preservar la integridad física de los socorristas. Pueden ocurrir explosiones y con la lluvia hay riesgo de que se registren corrimientos del material depositado en las barrancas. Lo recomendable es no acercarse al lugar», explicaron fuentes de este organismo gubernamental.

Según los técnicos, la tierra blanqueada por la lluvia de cenizas y enfriada superficialmente por los aguaceros encierra un infierno ardiente de material volcánico a veinte centímetros de profundidad. Creen que si se escarba hay, cuanto menos, riesgo de quemaduras para los socorristas. Además, la subida por las faldas no es nada fácil. Hasta los bomberos han vivido situaciones de peligro y se salvaron de milagro de los gases tóxicos porque pudieron resguardarse en ambulancias.

LA CLAVE Los jueces anuncian una investigación sobre negligencias durante la evacuación previa

Las autoridades creen que cualquier nuevo accidente podría hacer que miembros de los equipos engrosaran las cifras de víctimas, que, según la Conred, contemplan 1.713.436 afectados, 12.277 evacuados, 197 desaparecidos, 3.665 albergados en 21 centros, 58 heridos y 101 fallecidos. Hasta ahora solo han podido ser identificados unos treinta cuerpos. El estado del resto de los recuperados obligará a realizar pruebas de ADN.

Quejas de familiares

El Gobierno anunció que ha instalado un puesto de monitoreo interinstitucional y que cuando las condiciones climáticas vuelvan a ser favorables se reanudarán las labores de búsqueda. La decisión no ha sido bien aceptada por los familiares y damnificados del imponente coloso de 4.000 metros de altura. Los vecinos amenazan con ser ellos los que entren en sus casas a rescatar a supervivientes o recuperar los cadáveres.

Consideran que con esta decisión se repiten los mismos errores que presidieron las tareas de desalojo. De hecho, muchos creen que gran parte de la tragedia pudiera haberse evitado si se hubiera actuado en toda el área afectada como se hizo en un lujoso club de golf situado en las faldas de la montaña, cuyos miembros fueron evacuados a tiempo. Por contra, la mayoría de los humildes habitantes del pueblo El Rodeo vieron cómo sus casas se convertían en sus tumbas sin ser auxiliados. Se teme que los 2.000 habitantes de aldea de Los Lotes podrían estar desaparecidos.

Después del cruce de acusaciones entre el Instituto de Vulcanología, que avisó del peligro con antelación, y la Conred, que tardó nueve horas en iniciar la evacuación, la Justicia confirmó ayer que investigará de oficio una supuesta negligencia para depurar responsabilidades.

Sergio Cabañas, secretario de la Conred, admitió que no se evacuó a ninguna de las comunidades cerca de las faldas del volcán. «¿Quién evacuó a los ricos? Nadie. ¿Quién evacuó a los pobres? Nadie», contestó al ser preguntado. Al parecer no había un plan de actuación previsto ni nunca se realizaron simulacros. Tampoco existía un censo de las personas que residían de las zonas de riesgo del volcán de Fuego, ubicado a unos cincuenta kilómetros de la capital del país.

A ello se unen las trabas administrativas. El padre Edwin Baños, un mediático párroco, presentó ayer una queja a la ministra de Exteriores, Sandra Jovel, por las trabas que encontraron en la aduana quince camiones con ayuda humanitaria procedente de El Salvador. «No vamos a llorar sobre leche derramada», fue la respuesta de la política.

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