Segundo asalto por el 'Brexit'

La nueva ronda se abre en Bruselas con Reino Unido acuciado por los problemas internos de su Gobierno y Barnier a la espera de avances

ADOLFO LORENTE BRUSELAS.

De nuevo, las sonrisas. Como sucedió cuando el pistoletazo de salida de la madre de todas las negociaciones, el pasado 19 de junio, la cordialidad volvió a dominar la escena del 'brexit'. Pero la foto es una cosa y lo que ocurre antes y después de apretar el disparador de la cámara es algo bien diferente. Radicalmente distinto, como evidenció la semana pasada el negociador jefe de la Unión Europea, Michel Barnier, que no tuvo reparos en mostrar el enfado comunitario por la desidia de Reino Unido. Ayer, en Bruselas, comenzó la segunda ronda negociadora. Un asalto que durará hasta primera hora de la tarde del jueves y que tiene un gran objetivo: mantener viva la negociación, que nada se rompa. Y si ya se consigue avanzar, aunque sea de manera moderta, la UE cantará victoria.

«Espero que las negociaciones esta semana nos lleven al corazón del asunto. Necesitamos examinar y comparar nuestras respectivas posiciones, para poder hacer buenos progresos», señaló Barnier. «Es tiempo de ponerse manos a la obra y hacer de esto una negociación exitosa», recalcó por su parte el británico David Davis. El hombre de Theresa May para el 'brexit' recordó que «tuvimos un buen inicio el mes pasado», pero matizó que «ahora toca ir a la sustancia del asunto para identificar las diferencias sobre las que negociar y valorar las similitudes para reforzarlas». Palabras huecas, un gran ejercicio de diplomacia. Otro.

Hay tres grandes asuntos sobre la mesa. Tres grandes piedras de toque sobre las que habrá que llegar a un pacto de mínimos si Londres quiere cruzar su particular Rubicón: el diseño del futuro acuerdo comercial con los Veintisiete. «No valdrá con uno o con dos. Debe haber acuerdo en todos» los capítulos, zanjó Barnier el viernes después de informar al Colegio de Comisarios, con Jean-Claude Juncker al frente, de lo complicado de la misión que encabeza debido a la falta de interés que parece estar mostrando Londres.

Residentes europeos

Tres grandes asuntos. El primero y esencial: qué ocurrirá con los 3,3 millones de europeos que viven o trabajan en Reino Unido y para quienes Bruselas exige que sus derechos adquiridos sean respetados sin matices. Esto es algo que el Gobierno de Theresa May de momento no ofrece, aunque asegura que no expulsará a nadie y que estos residentes serán tratados como los ciudadanos británicos. El problema es que la legislación de las islas es mucho menos garantista que la europea. Además, Bruselas quiere que el Tribunal de Justicia de la UE siga siendo el que resuelva los contenciosos. Es una línea roja que Londres no está dispuesto a asumir. Por ahora...

El otro gran obstáculo es la factura a pagar por abandonar el club comunitario. La UE ha cifrado en 100.000 millones el valor de los compromisos adquiridos, pero Reino Unido poco menos que suelta una carcajada cuando escucha esta cifra. Así que en este punto habrá lío. Mucho. Por último, la tercera gran área de negociación es Irlanda, cómo se resuelve el encaje entre las dos Irlandas para salvar, por ejemplo, los Acuerdos de paz de Viernes Santo. Hay mucha tela que cortar y poco tiempo, ya que el 29 de marzo de 2019 Reino Unido dejará de ser Estado miembro de la Unión Europea.

Ayer, David Davis permaneció en Bruselas durante tres horas y se marchó después de hacerse la foto con Barnier. Fue una visita relámpago cuya brevedad muchos analistas relacionaron con los graves problemas que vuelve a tener May dentro de su Gobierno, con filtraciones cruzadas en contra, ahora, del ministro de Finanzas, el pragmático Philip Hammond, que busca un 'brexit' blando. El jueves, si no hay cambio, David Davis regresará a Bruselas para ofrecer una rueda de prensa con Barnier. Volverá a sonreír. La duda reside en saber si tendrá razones para ello.

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