Un rival invisible

M. AYESTARAN EL CAIRO.

Muy complicado, imposible encontrar una foto o cartel electoral de Musa Mustafá Musa en el centro de El Cairo, ni siquiera cerca del cuartel general de su partido, Gad. El único rostro visible es el de Abdelfatah El-Sisi, pero los egipcios también podrán votar por Musa, ingeniero de 66 años y ferviente seguidor del propio El-Sisi, que en las declaraciones efectuadas a distintos medios insiste en que «no soy un candidato de paja», pero no termina de convencer con sus argumentos. Si en 2014 el exgeneral ganó con un 97% de los votos, esta vez se espera una victoria aún mayor ante un Musa que es un absoluto desconocido y que no ha hecho tampoco grandes esfuerzos para conseguir popularidad. Si se pregunta en las calles del país sobre la alternativa a El-Sisi, la gente no sabe ni que hay otro candidato posible.

Musa llega como única alternativa después de que cinco candidatos que podían haberle hecho algo de sombra se cayeran o les quitaran de las quinielas. El ex primer ministro, Ahmed Shafiq, retiró su candidatura tras ser deportado por los Emiratos Árabes Unidos; Sami Anan, jefe del Estado Mayor entre 2005 y 2012, fue arrestado pocos días después de haber saltado al ruedo presidencial; y Anuar Sadat, nieto del expresidente, denunció amenazas y también dio un paso atrás. Cada vez que alguien anunciaba su intención de desafiar a El-Sisi, algo pasaba para que tuviera que retractarse.

En las papeletas de voto, El-Sisi ha elegido como símbolo la estrella y Musa, el avión, esta es la mayor discrepancia que se puede encontrar en esta carrera a la presidencia que tiene un único caballo ganador, pero que necesitaba de un segundo candidato para dotar de legitimidad al proceso.

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