Una ratonera sin alarmas ni salidas de emergencia

Vista aérea muestra el humo que sale del centro comercial en la ciudad siberiana de Kémerovo. :: afp/
Vista aérea muestra el humo que sale del centro comercial en la ciudad siberiana de Kémerovo. :: afp

Los ciudadanos rusos piden explicaciones por el estado del centro comercial incendiado en Siberia, que ha dejado ya 64 víctimas mortales

RAFAEL M. MAÑUECO MOSCÚ.

Las autoridades y los medios de comunicación oficiales rusos «minimizaron» desde el primer momento la envergadura del incendio que arrasó el domingo pasado el principal centro comercial de la ciudad siberiana de Kémerovo causando la muerte de 64 personas, entre ellos numerosos niños. Esa es la opinión de líderes opositores como Alexéi Navalni o Ksenia Sobchak, que achacan lo sucedido a una «corrupción» rampante que permite saltarse las normas de seguridad en locales públicos.

El ministro de Protección Civil, Vladímir Puchkov, ha confirmado que la cifra definitiva de víctimas mortales asciende a 64. Según Puchkov, se han hallado ya entre los escombros 58 cadáveres, de los que 17 han sido identificados y se sabe que ocho pertenecen a menores de edad. Continúan los trabajos para extraer otros seis cuerpos que están ya localizados. Hay además doce personas hospitalizadas, diez de ellas con síntomas de intoxicación por el humo. Cerca de un centenar de personas tuvieron que ser atendidas en centros sanitarios por distintas afecciones, pero la mayoría fueron dadas de alta.

La portavoz del Comité de Instrucción de Rusia (SK), órgano judicial que investiga el siniestro, Svetlana Petrenko, avanzó que, tras una primera verificación, «se han detectado serias irregularidades ya desde el momento en el que comenzó la explotación del centro comercial». Petrenko enumeró las causas que propiciaron la tragedia, como el hecho de que «la alarma antiincendios estuviera desconectada y las salidas de emergencia bloqueadas».

Arrestos

La portavoz del SK informó también del arresto de cuatro personas, entre ellas el «director técnico» de la empresa propietaria de la superficie comercial, que lleva el nombre de Zímniya Víshniya (Cereza de Invierno); el arrendatario de la zona infantil en donde comenzó el incendio, y el director de la empresa encargada de velar por el funcionamiento de la alarma antiincendios. Un guardia de seguridad es el quinto sospechoso, al parecer podría ser quien desconectó la alarma.

El incendio, sobre cuyas causas hay numerosas versiones, salvo la del atentado terrorista, según puntualizó Vladímir Puchkov, comenzó el domingo por la tarde en la cuarta y última planta del edificio, en la zona infantil y de salas de cine. Según las imágenes de la cámaras de seguridad, las llamas se propagaron con enorme rapidez. Pero no funcionó la alarma, por lo que tampoco lo hicieron los sistemas automáticos de extinción. Las salidas de emergencia estaban además cerradas, incluidas las del cine, lo que obligó a muchas personas a huir de la ratonera saltando por las pocas ventanas disponibles.

Un dispositivo de casi un millar de bomberos se pusieron manos a la obra para apagar el fuego, lo que lograron después de más de seis horas. El techo del inmueble fue lo primero en desplomarse y, ayer por la mañana, las llamas reaparecieron. Hubo que extinguirlas con serio peligro para los bomberos y equipos de seguridad, ya que toda la estructura amenaza con derrumbarse en cualquier momento.

El ambiente en Kémerovo era ayer de indignación y muchos ciudadanos criticaron el hecho de que el gobernador de la región, el carismático Amán Tuléyev, no se dignara a acudir al lugar de la catástrofe. También ha habido protestas por la cobertura de las televisiones públicas, que ignoraron el suceso mientras la cifra de muertos no empezó a ser significativa.

Al portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, le preguntaron ayer por qué los canales oficiales no informaron inmediatamente sobre el incendio en Kémerovo y si no existe una orden de «arriba» de no dar noticias negativas. «Eso es una soberana tontería (...) es absurdo», respondió Peskov, quien, no obstante, admitió que «al principio nadie pudo imaginar que la cosa iba a terminar así».

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