Putin continúa la represión de sus adversarios en plena campaña electoral

El exgobernador liberal de Kírov acaba de ser condenado a ocho años de prisión en un proceso que sus abogados consideran «amañado»

RAFAEL M. MAÑUECO

moscú. Pese a que distintos sondeos le conceden no menos de un 60% de las intenciones de voto de cara a las presidenciales del 18 de marzo, el presidente Vladímir Putin, por si acaso, blande con firmeza la vara represiva contra sus adversarios. El exgobernador liberal de la región rusa de Kírov, Nikita Belij, acaba de ser condenado a ocho años de prisión en «régimen severo» en un proceso por soborno que sus abogados consideran «amañado» y «sin una sola prueba».

«Putin, además de un ladrón, es un cobarde. Primero nos roba las elecciones, sustituyéndolas por un espectáculo barato, y ahora, de forma cobarde, envía a la cárcel a quienes no están de acuerdo con él», afirma el líder opositor Alexéi Navalni en su canal de la red social Telegram. Navalni, que no ha podido presentar su candidatura por tener antecedentes penales, y fue detenido el domingo de la semana pasada mientras participaba en la manifestación que él mismo convocó para pedir el boicot electoral, está ahora en libertad con cargos a la espera de ser convocado por el juez.

Cree que le volverán a caer otras tres semanas de prisión menor (el año pasado tuvo ya tres sentencias) por acudir y llamar a sus seguidores a un acto no autorizado. «Pero me condenarán, probablemente, de tal manera que consigan hacerme desaparecer en la víspera de los comicios y durante su celebración». Según sus palabras, «hay 37 personas con penas -de prisión menor- por ir a la concentración del día 28», incluidos varios activistas de su organización, la Fundación de Lucha contra la Corrupción (FBK).

El líder opositor Navalni denuncia que el presidente «envía a la cárcel a quienes no están de acuerdo con él»

El analista ruso Antón Orej deplora en su blog la sentencia dictada contra Belij, señalando que «era un gobernador leal al Kremlin, pero trató de construir en Kírov una isla de liberalismo moderado y eso no se lo han permitido, no se lo permitirán a nadie». Según sus palabras, «lo sucedido con Belij no es algo casual que emane de una decisión judicial, en Rusia no existe la Justicia independiente, es una nueva advertencia ejemplarizante».

Orej lamenta que «cuando hizo falta poner en fila a los empresarios al servicio del poder, se inventaron el caso Jodorkovski; cuando hubo que ratificar el cristianismo ortodoxo como religión de Estado recurrieron al caso Pussy Riot; cuando la gente se permitió salir a la calle y empezar a manifestarse echaron mano del caso Bolótnaya; cuando hubo que poner freno al intento de acabar, aunque fuera tímidamente, con tanta burocracia, metieron a Uliukáyev en la cárcel (...) y el siguiente será Kiril Serébrennikov», director de teatro crítico con Putin, acusado de cohecho y en arresto domiciliario actualmente.

Sin Justicia independiente

A Mijaíl Jodorkovski, que fue patrón de Yukos, entonces la mayor petrolera rusa, le arrestaron el 25 de octubre de 2003 y fue condenado en dos procesos por distintos delitos económicos a 14 años de cárcel. Él siempre se declaró inocente. Sus colaboradores estiman que la verdadera causa de su persecución fue financiar a partidos de oposición, criticar la corrupción reinante en el Kremlin y mantener una amplia cooperación con petroleras estadounidenses. Tras pasar 10 años entre rejas, Putin le indultó en diciembre de 2013, en la víspera de los Juegos de Invierno de Sochi. El magnate vive ahora fuera de Rusia por miedo a ser procesado nuevamente.

En aquella época salieron también de la cárcel amnistiadas las integrantes del grupo punk Pussy Riot, María Aliójina y Nadezhda Tolokónnikova, a tres semanas de cumplir la pena de dos años de prisión que les fue impuesta por escenificar una plegaria musical en el altar de la Catedral de Cristo Salvador de Moscú, implorando a la Virgen María «librar a Rusia de Putin».

El 6 de mayo de 2012, justo un día antes de que Putin tomara posesión para el mandato que finaliza ahora, tuvo lugar una multitudinaria concentración contra su política en la plaza Bolótnaya, a pocos metros del Kremlin. Los enfrentamientos con la Policía sirvieron de pretexto para detener a 400 manifestantes. Contra 30 de ellos se abrió causa criminal y fueron sentenciados a penas de entre dos y cinco años de cárcel.

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