La prisión de Lula abre un incierto futuro electoral

Su candidatura a la presidencia por el Partido de los Trabajadores aún puede prosperar, aunque se busca un sucesor

MARCELA VALENTE BUENOS AIRES.

La prisión del expresidente Luiz Inacio Lula da Silva cuando faltan menos de seis meses para las elecciones ha alterado de manera dramática un escenario político ya impredecible en Brasil. Ahora todos son interrogantes. ¿Incrementará Lula los respaldos que ya lo ungieron favorito o perderá prestigio? ¿Será su reclusión el final de su inmensa biografía política o la plataforma para su relanzamiento? Los que quieren a Lula fuera de juego aseguran que el final le llegó y fue vergonzante.

En cambio, en el Partido de los Trabajadores (PT) afirman que la candidatura «está más firme que nunca». Este convencimiento tiene bases demasiado optimistas pero no irreales. Creen que la solidaridad de los simpatizantes mantendrá viva la postulación, y que la justicia, más tarde o más temprano, les dará la razón. Lula fue condenado a doce años de prisión en un proceso por corrupción y lavado de dinero considerado amañado por diversos juristas. Su enjuiciamiento transita a una velocidad mucho mayor a la de otros investigados por los mismos tribunales. De hecho el juez ordenó su prisión antes de que la defensa agotara los recursos para evitar la ejecución de la pena.

En los próximos días, Lula podría salir en libertad. Para ello debería prosperar alguno de las nuevas solicitudes de 'habeas corpus'. Mejor aún para él sería que el Supremo Tribunal Federal anulara la prisión que se contempla para los condenados en segunda instancia, para permitirles llegar en libertad hasta la sentencia. Ese asunto podría tratarse el próximo miércoles en la Corte y, de aprobarse, redundaría en la libertad de Lula.

Pero aun si el Supremo decide no tratar el tema ahora, Lula puede seguir siendo candidato. Si cuando inscriba su candidatura -hay tiempo hasta agosto- el Tribunal Electoral la rechaza, habrá instancias de apelación que, mientras transcurren, no le imposibilitarían competir. Algunos analistas no descartan la posibilidad de que transfiera su caudal político a un sucesor, como Fernando Haddad, que fue ministro de Educación.

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