El presidente alemán presiona a los partidos para evitar la repetición de las elecciones

JUAN CARLOS BARRENA BERLIN.

El fracaso, consumada el domingo, de las reuniones previas para sondear la formación de una coalición de gobierno en Alemania formada por conservadores, liberales y verdes supone una amarga derrota para la canciller Angela Merkel, que tiene muy complicado ahora lograr una mayoría parlamentaria que respalde sus aspiraciones de gobernar su cuarta legislatura consecutiva. Ocho semanas después de las elecciones legislativas y tras un mes de complicados y arduos contactos entre la Unión (CDU/CSU), Partido Liberal (FDP) y Los Verdes, la apariencia es que el inédito experimento político parece haberse malogrado y Alemania podría quedar abocada la repetición de elecciones, algo también inédito. Pero el presidente de país, Franz-Walter Steinmeier, ha tomado el asunto en sus manos y se ha propuesto evitarlo.

No se ha filtrado cómo fue la escena, pero es de suponer que conservadores y ecologistas se quedaron con un palmo de narices cuando la delegación liberal, encabezada por su presidente, Christian Lindner, declaró unilateralmente finalizados los sondeos y abandonó poco antes de la medianoche del domingo la sala de negociaciones, en la delegación del Estado de Baden-Württemberg en Berlín.

«Es mejor no gobernar que gobernar mal», declaró Lindner a los medios, tras expresar el descontento de su partido por la forma en la que se habían desarrollado las conversaciones y la falta de un clima de confianza entre los distintos partidos y criticar que acuerdos alcanzados en la mesa de negociaciones fueran cuestionados poco después por las otras formaciones. La frase de Lindner encabeza la cuenta de Twitter del FDP, en la que se argumenta que los liberales no pueden respaldar una política de la que no están convencidos y que no representa los intereses de sus electores.

Las críticas no se hicieron esperar y curiosamente partieron de los dos extremos de la conjunción de partidos que buscaba una alianza de gobierno. Tanto el líder de Los Verdes, Cem Özdemir, como el presidente de los socialcristianos y primer ministro de Baviera, Horst Seehofer, lamentaron el abandono liberal y aseguraron que el acuerdo para formar un ejecutivo tricolor habría sido posible y estaba a punto de alcanzarse.

Merkel fue, como siempre, moderada; se mostró decepcionada por el fin inesperado de los contactos y aseguró que hará todo lo que esté en su mano para garantizar la estabilidad del país como canciller federal en funciones. La líder conservadora acababa de comprobar cuál es el límite del funcionamiento de su estilo político y métodos en la resolución de problemas, que tan bien había funcionado hasta ahora para gobernar Alemania y marcar el ritmo en la Unión Europea.

«Al servicio del país»

El futuro de Merkel se encuentra ahora prácticamente en manos del presidente federal, Frank Walter Steinmeier. El antiguo ministro de Exteriores no quiere un adelanto electoral, cree posible aún que se negocie una mayoría parlamentaria para formar gobierno y ha citado en su despacho los próximos días a los jefes de los partidos con representación en el Bundestag para presionar y forzar un acuerdo, con excepción de los populistas xenófobos de Alternativa para Alemania.

Los partidos «están al servicio del país» y «espero de todos disposición al diálogo», dijo la primera autoridad del país, quien advirtió de que «quien se promociona en unas elecciones para asumir responsabilidad política, no puede escabullirse cuando se la ponen en las manos». Steinmeier rechazó de plano unas nuevas elecciones con el argumento de que «no se puede devolver a los electores»la responsabilidad de establecer mayorías de gobierno.

Merkel y los conservadores tienen puestas sus esperanzas en la capacidad de convicción del presidente -que procede de las filas de la socialdemocracia (SPD) y fue incluso su candidato a la cancillería en 2009-, para que los 'suyos' se desdigan de sus promesas electorales y acepten reeditar la 'gran coalición' que aún gobierna en funciones Alemania. Aunque el SPD ya ha dicho que no tiene miedo a unas elecciones.

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