El Pentágono templa la furia de Trump

Nathaniel Miller, tripulante del 'USS Bulkeley', se despide de su mujer, ayer en Virginia. :: l. e. s. / reuters
/
Nathaniel Miller, tripulante del 'USS Bulkeley', se despide de su mujer, ayer en Virginia. :: l. e. s. / reuters

Mattis desconfía de una intervención con misiles en Siria que arriesga a desatar un conflicto mayor con Rusia o Irán

MERCEDES GALLEGO NUEVA YORK.

Un día la guerra es inminente y al otro puede no ocurrir nunca. En los mundos de Trump no se sabe. Tan intempestiva es su furia que son los generales los que piden cautela y él mismo, la personificación del factor sorpresa que habitualmente persiguen los militares con su silencio.

Criticado desde su amada Fox por anunciar a Rusia la llegada de misiles a Siria, después de prometer en la campaña que no anunciaría sus planes militares, Trump se defendió ayer por Twitter. «Nunca dije cuándo ocurriría un ataque en Siria. Podría ser pronto o nada pronto». Su ego herido requería loas de sus presentadores favoritos. «En cualquier caso, EE UU bajo mi mandato ha hecho un gran trabajo acabando con el Estado Islámico en la región. ¿Dónde está nuestro 'Gracias América'?».

El general James Mattis debió de respirar aliviado. Al jefe del Pentágono no le hace ninguna ilusión la lluvia de Tomahawks que el comandante en jefe quiere derramar en «un campo de batalla muy complejo» donde cualquier error puede desatar un conflicto mayor con Rusia o Irán. «Desde un punto de vista estratégico», su mayor preocupación para responder al ataque químico de Duma es «cómo evitar que esto escale hasta escapársenos de control», confesó ayer. Lo último que quiere es añadir al balance de cerca de medio millón de muertos que se ha cobrado ya la guerra siria «más civiles», precisamente «cuando estamos intentando evitar la muerte de inocentes». Aun así, admitió que El-Asad «no aprendió la lección» del limitado ataque que llevaron a cabo el año pasado las fuerzas estadounidense a la base de Shayrat, de donde habían partido los aviones que perpetraron un ataque con gas sarín sobre la población de Jan Sheijún.

LAS CLAVES Macron asegura tener pruebas «al menos del uso de clorina» en el ataque químico de Duma Moscú parece aceptar que un golpe limitado daría a la Casa Blanca una coartada de dureza con el Kremlin

«No hay ninguna decisión tomada», aseguró a los legisladores. Su única promesa es avisarles en el momento del ataque que trata de evitar pero para el que ya se ha preparado. El 'Perro loco', cuyo mote resulta atractivo para un presidente televisivo que busca potencial de 'reality show', no ha respondido a las expectativas del comandante en jefe, como buena parte de su Gabinete inicial. «Me sorprendió que no crea en la tortura», dijo Trump el año pasado en entrevista con ABC, ya que él cree que la «funciona». Otros miembros de su equipo, contó, como el recién nombrado secretario de Estado Mike Pompeo, «son grandes creyentes» de esas 'técnicas de interrogatorio mejoradas' que eufemísticamente reinventó la Administración de Bush tras el 11-S. «Dame un paquete de cigarrillos y un par de cervezas y sacaré más que con la tortura», le contradijo Mattis.

La 'línea roja'

Ayer, tras su comparecencia ante el Comité de Servicios Armados de la Cámara Baja, el secretario de Defensa se dirigió a la Casa Blanca dispuesto a llevarle de nuevo la contraria frente a su equipo de 'halcones'. «Hay muchas formas de responder a las violaciones contra la convención de armas químicas», observó, «diplomática y económicamente, de acuerdo con la ley internacional».

Decepcionados, algunos republicanos le advirtieron de que si después de tanto redoble de tambores no hay ataque en Siria, Trump estaría repitiendo el error de Obama con la 'línea roja' y fortaleciendo al régimen de El-Asad. «Hay un momento para aplicar la 'línea roja' y otro para hablar sin ambigüedad, más que con acciones», les respondió enigmático.

Parecía difícil que fuera a convencer al equipo de 'halcones' del que se está rodeando Trump. Mientras él dice no haber visto más evidencias del ataque químico que lo que han detectado a través de las redes sociales, su aliado europeo para esta empresa, Emmanuel Macron, asegura tener evidencias de que el Gobierno sirio utilizó la semana pasada «al menos clorina».

Por su parte, Rusia, parece haber aceptado que un ataque limitado en Siria sería la mejor forma de dar a Trump una coartada de dureza con Moscú que acabe con las sospechas de sus bases y permita un mejor entendimiento. El Gobierno ruso dice que su prioridad en Siria es «evitar un conflicto bélico con EE UU» apartando a sus tropas del camino de los misiles para no convertirse en bajas colaterales. Solo que a la vez da cobijo a los aviones sirios que El-Asad quiere proteger de los Tomahawks. Y eso Mattis lo sabe.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos