Vuelven los móviles, el tabaco y las cafeterías

M. AYESTARAN MOSUL.

La frontera entre la muerte y la vida es de apenas unos metros en la parte oeste de la ciudad. Pese a la falta de agua y electricidad, en cuanto los militares aseguran y abren una calle, los civiles vuelven, o al menos lo intentan. Muchos se encuentran sus hogares destrozados y optan por ocupar alguna casa menos dañada. Algunos comercios reabren sus puertas y «el tabaco y los móviles son lo más solicitado porque estaban prohibidos con el Daesh, la gente tiene que desquitarse de tanta prohibición», afirma Uday, dueño de una tienda de telefonía en la que ha instalado una gran pantalla para ver fútbol. «También teníamos prohibidos los partidos, así como las camisetas de nuestros equipos favoritos e incluso aquellas con los logotipos de marcas internacionales... todo estaba prohibido».

Cerca de la tienda de Uday, un grupo de jóvenes juega una partida de cartas en el café Abudabi. Al final de la calle, una barricada corta el paso hacia la Ciudad Vieja. Dentro del local, recién reformado después de que los yihadistas le prendieran fuego, varios clientes se desafían en una vieja mesa de billar y Mohamed, el dueño, sintoniza su nueva televisión de plasma. «Cerramos porque cada día venía su gente a multarnos. A mí incluso me llevaron dos meses a la cárcel por mis tatuajes, fue horrible, pero ya ha pasado y todo va a ir bien a partir de ahora. Vamos a volver a tener la misma ciudad que teníamos antes del verano de 2014», apunta con optimismo Mohamed, cuyo café es la única muestra de vida en una manzana de casas podrida por los efectos de una guerra que ha mutilado Mosul y le ha dejado huérfano de su orilla oeste, en ruina y unida por un único puente levantado por los militares con la orilla este del Tigris.

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