EE UU y la Unión Europea intentan rebajar la tensión entre Arabia Saudí e Irán

Unos hombres fuman y juegan a las cartas mientras escuchan en Beirut al líder de Hizbolá. :: N. M. / efe
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Unos hombres fuman y juegan a las cartas mientras escuchan en Beirut al líder de Hizbolá. :: N. M. / efe

Líbano es la última plaza en la que ambas potencias miden su inlfuencia, mientras Occidente se compromete a mediar

MIKEL AYESTARAN JERUSALÉN.

j24 horas después de que Arabia Saudí elevara el tono de sus declaraciones contra Irán y la milicia chií libanesa de Hizbolá hasta acusarles de cometer un «acto de guerra contra el reino» con la «entrega de misiles a los hutíes» de Yemen, EE UU y la Unión Europea trataron de rebajar la tensión con mensajes de apoyo a la estabilidad en Líbano.

El multiconfesional país del Mediterráneo se ha convertido en el último escenario de la 'guerra fría' sectaria que enfrenta a Irán, la gran potencia chií, y Arabia Saudí, garante de los valores suníes, y el ex primer ministro libanés, Saad Hariri, se encuentra en Riad desde donde anunció el sábado su renuncia al cargo, lo que ha provocado una grave crisis en el país. La Liga Árabe, en cambio, cerró filas en torno a Riad y su secretario general, Ahmed Abul Gheit, condenó lo que consideró «una escalada de violencia sin precedentes» contra el reino por parte de Teherán y sus aliados.

En el transcurso de su encuentro con el comandante del Ejército libanés, Joseph Aoun, la embajadora de EE UU en Beirut, Elizabeth Richard, mostró su compromiso con un país «estable, seguro, democrático y próspero». Los embajadores de la UE en Beirut emitieron un comunicado de «apoyo firme a la unidad, estabilidad y soberanía» libanesa. La nula mención a Hizbolá, organización chií creada por la Guardia Revolucionaria de Irán en 1982 que se ha convertido en un actor político y militar clave con el paso de los años, contrastó con el tono beligerante empleado por Riad contra el Partido de Dios.

El pulso por la hegemonía regional, que ya está abierto en Yemen, Irak o Siria, llega a un Líbano que después de un año de relativa estabilidad gracias a la formación de un gobierno de unidad nacional vuelve a asomarse al abismo tras la renuncia de Hariri, líder de la comunidad suní. El diario 'Akhbar', cercano a Hizbolá, dedicó su portada al mandatario, a quien calificó de «rehén» de los saudíes.

Israel sigue muy de cerca toda esta escalada de tensión y el general Giora Eiland, exresponsable del Consejo de Seguridad Nacional, señaló que «la dimisión de Hariri y sus duras palabras contra Irán son una oportunidad para intentar cambiar la realidad de país antes que Irán y Hizbolá completen su conquista absoluta». En un artículo publicado en 'Ynet' hizo un llamamiento a la OTAN para que, en caso de recibir la petición de ayuda del Gobierno libanés, le ayuden, «no como en Irak o Siria, donde la falta de apoyo occidental hizo que los países cayeran en manos iraníes».

Irán afronta esta crisis regional con el Gobierno más moderado de los últimos años, liderado por Hasán Rohani. Algo similar le ocurrió a Mohamed Jatamí cuando el entonces presidente de EE UU, George Bush, le incluyó en el «eje del mal» cuando trataba de poner en marcha su programa reformista.

Rohani, muy presionado por los sectores radicales del régimen, advirtió a Arabia Saudí del «poder» de la República Islámica y recordó que «aquellos superiores a vosotros no han podido hacer nada contra la nación iraní», en alusión a EE UU.

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