Trump logra unir al mundo musulmán tras su decisión sobre Jerusalén

Soldados israelíes detienen a un manifestante durante unas protestas en la ciudad cisjordana de Hebrón. :: Abed Al Hashlamoun / efe
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Soldados israelíes detienen a un manifestante durante unas protestas en la ciudad cisjordana de Hebrón. :: Abed Al Hashlamoun / efe

La ciudad se prepara para un 'viernes de la ira' mientras las protestas en Gaza y Cisjordania dejan decenas de heridos

MIKEL AYESTARAN JERUSALÉN.

Jerusalén se enfrenta al primer 'viernes de la ira' tras el anuncio de Donald Trump en el que reconoció de forma oficial a la ciudad santa como capital de Israel y adelantó el próximo traslado de su embajada desde Tel Aviv. Es día de oración, pero también un día en el que las protestas pueden extenderse a las calles de una capital que reivindican israelíes y palestinos a quienes Naciones Unidas emplaza a resolver esta disputa en una negociación.

Menos de 24 horas después del discurso de Trump llegó una respuesta violenta desde Gaza y Cisjordania, que dejó más de 50 heridos, pero otra pacífica en los barrios árabes de la ciudad santa, ocupados por Israel desde 1967, que vivieron una jornada de huelga general. Las marchas de protesta se extendieron y se registraron movilizaciones en Jordania, Líbano, Turquía, Pakistán, Yemen, Afganistán... un nivel de movilización en países musulmanes que no se producía desde la quema de un Corán por un pastor evangélico estadounidense en 2011.

Trump defendió que su decisión es «buena para el proceso de paz», pero miles de palestinos no lo vieron así y se echaron a las calles de Ramala, Hebrón y Belén o se acercaron a la verja de separación en Gaza para lanzar piedras, quemar banderas de Estados Unidos y gritar al mundo eslóganes como «Jerusalén es la capital del Estado de Palestina» o «¡Muerte a EEUU! ¡Muerte al loco de Trump!». La respuesta israelí fue la habitual en estos casos, a base de material antidisturbios, balas recubiertas de goma y munición real, lo que dejó al menos a uno de los heridos en Gaza en estado crítico, según fuentes médicas palestinas.

LA CLAVE Los barrios árabes respondieron a Washington con un plante y una huelga general

En medio de los altercados, el líder del grupo islamista Hamás, Ismael Haniye, compareció ante los medios para anunciar que «no se puede hacer frente a la política sionista de Estados Unidos más que lanzando una nueva intifada». Un llamamiento a una tercera insurrección popular, como las de 1987 y 2000, que, al menos en sus primeras horas, se quedó en apenas unas decenas de jóvenes en la verja de separación con Israel.

El Estado hebreo reforzó la presencia militar en los territorios ocupados y elevó el nivel de seguridad en los barrios árabes de Jerusalén, que respondieron a Trump con una jornada de huelga general. La ciudad vieja o la calle Saladino, arterias principales de Jerusalén oriental, estuvieron desiertas y con la mayoría de comercios cerrados. «La palabra correcta para definir este momento es depresión. Estoy triste porque me doy cuenta de que estamos solos», lamentaba Moe, seudónimo del dueño de una cafetería en Saladino que, después de veinte años en Estados Unidos, está de vuelta en la ciudad santa. «No sé para qué cerramos, ni por qué o para quién luchamos. Los israelíes no nos quieren y nosotros no queremos a nuestros supuestos líderes. Estas huelgas son un autocastigo, solo sirven para beneficiar a la parte occidental de la ciudad en la que los centros comerciales estarán llenos de árabes», aseguraba este empresario de la hostelería que, como otros muchos palestinos, reflexionaba en voz alta sobre la falta de liderazgo y acusaba al presidente Mahmud Abás de «llenarse los bolsillos a costa de vendernos a Israel».

El ambiente depresivo en Jerusalén Este contrastaba con la normalidad en la zona judía en la que aparecieron algunos carteles de agradecimiento a Trump con el lema 'JerUSAlem'. No hubo grandes celebraciones. Aunque las autoridades insisten en su carácter indivisible, esta ciudad está partida y el Jerusalén judío está a la espera de la respuesta de su parte árabe, a la que el anuncio de Trump no ha sentado nada bien.

Desde el exterior continuaron las palabras de condena, incluso de países aliados de EE UU como Egipto, Arabia Saudí y Jordania, que tacharon la decisión de Trump de «violación del derecho internacional», según las autoridades de Amán, o «injustificada e irresponsable», para Riad. Además de gobiernos, grupos como los talibanes afganos también emitieron un comunicado para denunciar «la ambición colonialista de EE UU en tierra musulmana» y Al-Qaida en la Península Arábiga (AQPA), desde Yemen, se sumó a las condenas y llamó a todo el «mundo musulmán» a cerrar filas y defender a los palestinos.

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