Rusia acaba con la misión de la ONU para investigar ataques químicos en Siria

M. GALLEGO

nueva york. Ayer era el Día de la ONU, pero había poco que celebrar. El fatídico sistema de derecho a veto que ejercen cinco países en el Consejo de Seguridad le dio a Rusia el poder para tumbar el voto de los otros once miembros que pretendían alargar un año la misión para investigar ataques químicos en Siria.

El llamado Mecanismo de Investigación Conjunta (JIM, por sus siglas en inglés) fue establecido por una resolución de ese mismo organismo en agosto de 2015 para llevar ante la justicia a los responsables de ataques químicos en Siria. Rusia negoció los términos. Era su forma de evitar que el Gobierno de Obama tomase represalias militares contra el Gobierno de Bashar el-Asad por haber cruzado la famosa línea roja que le trazó.

Mañana, sin ir más lejos, se espera un informe de este equipo que culpe al Ejecutivo de Damasco por los ataques químicos de abril que costaron la vida a ochenta personas. La Adminstración Trump, sin mayor trámite ni consentimiento de Naciones Unidas, bombardeó la base aérea de la que partieron los aviones. El mundo aplaudió. Los sirios entendieron la mascarada. Le había dado un aviso anticipado a Moscú, que sirvió para que el Gobierno sirio retirase los cazas de la base y pudiera seguir bombardeando al día siguiente.

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