Putin ha logrado en dos años de presencia en Siria su objetivo de apuntalar a El-Asad

Soldados rusos, cuya principal misión es proteger el régimen sirio, patrullan en un vehículo blindado por las calles de Alepo. :: r. c.

Cuando anunció la intervención no ocultó que pretendía «dar estabilidad» al «legítimo» régimen de Damasco

RAFAEL M. MAÑUECO MOSCÚ.

Cuando el 30 de septiembre de 2015 anunció el comienzo de la intervención militar rusa en Siria, el jefe del Kremlin, Vladímir Putin, no ocultó que su objetivo era prestar apoyo y «estabilizar» al régimen «legítimo» de Bashar el-Asad, que se encontraba contra las cuerdas, acosado por los grupos armados de la oposición y los terroristas del Estado Islámico y del Frente al Nusra. Dos años después, se puede decir que el propósito de Putin se ha hecho en gran parte realidad.

Según el Ministerio de Defensa ruso, gracias a la ayuda de la aviación de Moscú, el Ejército sirio ha recuperado el 85% del territorio del país y ciudades como Alepo, Palmira y Deir Ezzor. Putin dijo el jueves en Ankara, tras reunirse con su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan, que «se ha logrado crear las condiciones para poner fin a la guerra fratricida en Siria».

La semana pasada, el ministro de Asuntos Exteriores sirio, Walid al Mualem, aseguró ante la Asamblea General de la ONU que, tras los avances de estos dos últimos años, «la victoria se ve ahora como algo posible». El exsecretario de Defensa norteamericano, Robert Gates, afirmó por su parte a mediados de septiembre en Kiev que «Rusia es dueña de la situación en Siria». La irrupción de Rusia en Siria, según comentaban entonces los analistas, fue un golpe de timón del Kremlin ante el deterioro de su imagen por la anexión de Crimea y la guerra en el este de Ucrania. Pretendía sobre todo una mayor presencia de Rusia en la escena internacional. Estados Unidos había llegado a Siria 14 meses antes, aunque sin demostrar demasiada contundencia. También hubo quien vaticinó que los rusos se empantanarían en Siria en un avispero similar al que sufrieron en Afganistán.

LAS CLAVES El Ministerio de Defensa ruso incide en el papel de los aviones de Moscú en el avance del Ejército local Putin aseguró el jueves en Ankara que «se han creado las condiciones para poner fin a la guerra en Siria»

Pero Moscú considera «positivo» el balance de estos dos años: 30.000 incursiones aéreas, más de 90.000 objetivos destruidos, nueve bombardeos efectuados desde navíos en el Mediterráneo y el Caspio, en los que se dispararon 70 misiles de crucero, y la devastación de las infraestructuras energéticas en las zonas controladas por el Daesh a fin de cercenar su base financiera.

En clave negativa está la muerte de unos 12.000 civiles a consecuencia de los bombardeos aéreos rusos, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos. En las filas rusas, las cifras oficiales hablan de 38 militares muertos, aunque fuentes independientes consultadas por la agencia Reuters las duplican.

También pesa el coste del operativo en una situación económica adversa para Rusia debido a las sanciones a las que hace frente. La editora británica IHS Jane's calcula que Rusia ha venido gastando en Siria cada día entre dos y 3,5 millones de euros. En marzo del año pasado Putin declaró que, hasta ese momento, habían dedicado 33.000 millones de rublos (más de 500 millones de euros) al dispositivo militar. Hasta hoy, según el diario económico ruso RBK, la operación habría costado unos 140.000 millones de rublos (2.050 millones de euros).

Por delante queda una difícil transición política que el Kremlin está intentando propiciar en las conversaciones de Astaná. Moscú tendrá que bregar con el Ejército Libre sirio y la coalición formada por kurdos y árabes, que controlan amplias zonas en el norte del país, para hacer posible un acuerdo aceptable para Damasco, en donde no quieren oír hablar de una partición de Siria. En esta cuestión, Moscú tendrá también que limar asperezas con Washington en un momento en el que sus relaciones están peor que nunca en décadas.

Por otra parte, Rusia ha aprovechado su campaña en Siria para adiestrar a sus militares y probar las últimas novedades en armamento. En declaraciones a la BBC, el analista castrense, Vasili Kashin, afirma que las Fuerzas Armadas rusas «han ensayado a fondo misiles Iskander y Kalibr, capaces de portar armas nucleares tácticas, también cohetes para armar aviones de combate, lanzaderas navales Bastión para golpear objetivos en tierra y todos los tipos de aeronaves que Rusia tiene en su arsenal».

Se han probado también los nuevos dispositivos de guerra electrónica, blindados de última generación como el Taifún-K, robots de combate y para desminado empleados sobre todo en Palmira, y drones.

Kashin cree que no hay mejor certificado de calidad para un arma que superar la práctica en condiciones de guerra. A su juicio, los ejemplos más notables y que tendrán una mayor demanda en el mercado son el cazabombardero Su-34, los aviones de combate Su-35 y Su-30 y los helicópteros de ataque Mi-28, Mi-35 y Ka-52. Putin dijo en abril que la efectividad demostrada en Siria por las armas rusas elevó un 3% las ventas en 2016, con unas exportaciones cercanas a los 13.000 millones de euros.

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