La ONU pide una pausa humanitaria en Raqqa

Una familia huida de Raqqa descansa en su camino a un campo de refugiados. :: Zohra Bensemra / reuters/
Una familia huida de Raqqa descansa en su camino a un campo de refugiados. :: Zohra Bensemra / reuters

Quiere que la alianza liderada por EE UU detenga temporalmente sus ataques al Daesh para permitir la huida de civiles atrapados en la ciudad

MIKEL AYESTARAN JERUSALÉN.

Conforme se acerca la batalla final por el control de Raqqa, la situación se torna más y más peligrosa para las decenas de miles de civiles que están atrapados en la capital siria del califato. Tres meses después del inicio de la ofensiva, Naciones Unidas pidió a la alianza que lidera Estados Unidos una «suspensión temporal» de las operaciones militares «para facilitar una vía de escape a los civiles, tomando en cuenta que los combatientes del Estado Islámico (EI o Daesh) están haciendo todos sus esfuerzos por mantenerlos en el lugar», declaró el asesor para temas humanitarios sobre Siria, Jan Egeland. El representante del organismo internacional pidió en concreto que «las embarcaciones en el río Éufrates no deben ser atacadas ya que las personas que salen no pueden arriesgarse a los bombardeos cuando lo hacen», en referencia a la ruta de escape por el río a la que recurren muchos civiles.

La ONU calcula que pueden quedar unas 20.000 personas entre dos fuegos y quiere evitar un escenario parecido al de Mosul, donde aún se desconoce la cifra final de bajas civiles. En la ofensiva de Raqqa «cientos de civiles han perdido la vida o han resultado heridos», según el último informe de Amnistía Internacional (AI), en el que supervivientes y testigos que han logrado escapar revelan que tuvieron que hacer frente «a las trampas explosivas y a los francotiradores del Daesh, así como al bombardeo constante de la artillería y los ataques aéreos de las fuerzas de la coalición liderada por EE UU». Donatella Rovera, asesora general sobre respuesta a las crisis de AI, fue la encargada de dirigir la investigación sobre el terreno y señaló que «miles de civiles están atrapados en un laberinto mortal, expuestos al fuego de todas las partes».

Perdida Mosul a comienzos de julio, Raqqa se convirtió en el último gran bastión yihadista de un califato en plena descomposición y en el que el califa, Abu Baker al-Bagdadi, sigue en paradero desconocido cuando sus seguidores más le necesitan. Rusia e Irán lo han dado por muerto, pero el grupo mantiene un mutismo absoluto. La operación para liberar Raqqa arrancó en junio y Estados Unidos lidera una alianza que se encarga sobre todo de los bombardeos aéreos. Por tierra, son las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF, por sus siglas en inglés), lideradas por las milicias kurdas, las que combaten calle por calle con el respaldo estadounidense. En estos meses han logrado cercar al Daesh hasta obligarle a atrincherarse en la ciudad vieja, un escenario similar al que se produjo en Mosul.

La batalla por la que fue capital del califato en Irak se alargó durante nueve meses y produjo un gran desastre humanitario. La guerra contra el Daesh ha provocado más de 3 millones de desplazados en suelo iraquí y de ellos un millón son de Mosul. La destrucción, la falta de servicios y, sobre todo, la falta de seguridad provocó que más de 300.000 de ellos tuvieran que buscar refugio en los 19 campos levantados por el organismo internacional y la mayoría sigue viviendo en tiendas a la espera de que la situación se estabilice.

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