Milicias proAsad acudirán al auxilio de los kurdos

Ankara advierte a Damasco de que no detendrá su ofensiva para alejar de su frontera a las Unidades de Movilización Popular

MIKEL AYESTARAN JERUSALÉN.

Un nuevo frente se abre en la guerra de Siria y pone cara a cara a los Gobiernos de Ankara y Damasco. El final del califato ha provocado el estallido de conflictos hasta ahora eclipsados por la lucha contra el grupo yihadista Estado Islámico (EI) y el régimen sirio anunció su intención de enviar fuerzas al cantón kurdo de Afrín para la «defensa de la unidad del territorio sirio y su soberanía», según un comunicado difundido por la agencia oficial Sana.

Hace un mes que Turquía lanzó la 'Operación Rama de Olivo' para alejar a las Unidades de Movilización Popular (YPG) kurdas de su frontera y, tras varios días de negociaciones entre las milicias kurdas y el régimen, Sana adelantó por su parte que «las fuerzas populares llegarán en las próximas horas a Afrín para defender la determinación de su gente y afrontar el ataque desencadenado por las fuerzas del régimen turco en la zona y contra sus habitantes». Las autoridades turcas consideran a las YPG como el brazo sirio del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y lo califican de terrorista, pero esta milicia es el principal aliado de Estados Unidos en la lucha contra el EI y ha sido fundamental en la liberación de bastiones del califato como Raqqa. El ministro de Exteriores turco, Mevlut Cavusoglu, fue el primero en reaccionar y advirtió que «el régimen sirio puede entrar en Afrín o no. Está bien si entra para expulsar al PKK/YPG. Pero si entra para protegerlos, entonces nada podrá pararnos, nadie puede detener al Ejército turco». Cavusoglu, de visita oficial en Jordania, otro país implicado en el conflicto sirio, aclaró que, pese a la invasión militar, «siempre hemos respetado la integridad territorial de Siria». Los turcos quieren que el Gobierno sirio «limpie» la región de milicias kurdas.

Región autónoma

Al referirse a las «fuerzas populares», los medios oficiales sirios hacen alusión a las milicias que combaten junto al Ejército en una guerra que está totalmente paramilitarizada en todos los bandos. El Gobierno central se retiró de los puestos fronterizos en 2012 y la frontera turca se convirtió en una autopista para la llegada de yihadistas de todo el mundo que acudían a Siria para cumplir con la guerra santa que predicaban Al-Qaida y el EI. Turquía apostó fuerte por el derrocamiento de Asad, pero el presidente ha resistido en su puesto. Seis años después, además del yihadismo, Ankara asiste con preocupación a la aparición de Rojava, el Kurdistán sirio que se ha erigido en una región autónoma de facto con el apoyo de EE UU y sin haber tenido que combatir contra el régimen, ocupado en luchar contra enemigos directos en otros puntos del país. Nada más difundirse el comunicado sirio, el presidente Recep Tayyip Erdogan habló con sus homónimos ruso, Vladímir Putin, e iraní, Hasán Rohani, para mostrar su preocupación por la decisión de Damasco. Rusia e Irán son los grandes aliados de Asad y desde Moscú, el viceministro de Asuntos Exteriores, Mijaíl Bogdánov, señaló que «no imponemos nuestra mediación a nadie, pero si resulta necesaria, estamos dispuestos a prestar nuestros servicios con el objetivo de detener el derramamiento de sangre y encontrar denominadores comunes».

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