EE UU mata a decenas de milicianos de El-Asad

Un hombre intenta resguardarse durante un bombardeo. :: A. A. / afp/
Un hombre intenta resguardarse durante un bombardeo. :: A. A. / afp

La guerra de Siria, una vez derrotado el califato, se prolonga con enfrentamientos entre partidarios del dictador y quienes quieren su caída

MIKEL AYESTARAN

jerusalén. Derrotado el califato, se abren nuevos frentes en la guerra de Siria, un conflicto paramilitarizado por todas las partes en el que la situación es cada vez más compleja debido a las diferentes agendas de los países implicados. A diferencia de lo que ocurre en Afrín, donde los kurdos se han quedado solos ante la ofensiva de Turquía, Estados Unidos no dudó a la hora de acudir en defensa de las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS), coalición de milicias liderada también por los kurdos, cuando estas sufrieron un ataque de fuerzas leales a Damasco en la provincia de Deir Ezzor.

El bombardeo provocó un centenar de bajas en las filas enemigas, según revelaron fuentes norteamericanas. El Gobierno de El-Asad calificó de «crimen de guerra» este bombardeo y en una carta dirigida a Naciones Unidas, el Ministerio de Exteriores pidió «el desmantelamiento de la coalición» internacional que encabeza Washington y «la condena internacional de esta masacre».

Este es el choque más grave que se produce entre las FDS y las distintas milicias que operan como apoyo al Ejército de Siria en esta parte del país, en la que todos estos grupos lucharon contra el Daesh. Ahora llega el momento de fijar las fronteras y los límites, y en este contexto parece que se produjo la ofensiva de las milicias pro Bashar el-Asad, que habrían intentado hacerse con el control de la planta petrolera de Al-Omar, que antes de la guerra tenían una producción de 30.000 barriles diarios y fue una gran fuente de recursos para el Daesh de 2014 a 2017. En el momento del ataque había militares estadounidenses empotrados con las milicias kurdo árabes, según informaron fuentes oficiales norteamericanas bajo condición de anonimato.

Bolsas de combatientes

El-Asad cuenta con el respaldo de la milicia libanesa de Hezbolá y de grupos paramilitares chiíes próximos a Irán llegados de Irak y Afganistán, pero los medios sirios se limitaron a hablar de «fuerzas populares» a la hora de informar sobre el ataque sufrido en Deir Ezzor. Aunque el califato ha perdido todos sus centros de poder, aún quedan bolsas de combatientes en esta zona desértica fronteriza con Irak y las autoridades sirias acusaron a Washington de «intentar beneficiar a los grupos terroristas» con «esta nueva agresión». El primer ataque directo del Pentágono contra fuerzas sirias fue en abril cuando Donald Trump ordenó el lanzamiento de misiles contra la base de Shayrat de la que, según Estados Unidos, salió el avión responsable de un ataque químico contra la provincia de Idlib, al norte del país, que mató a decenas de civiles.

Este nuevo frente se abre en medio de una semana marcada por los duros bombardeos de Siria y Rusia contra bastiones opositores en los alrededores de Damasco y en Idlib. Más de cien civiles han perdido la vida, según denuncian activistas de la oposición, y desde la ONU realizaron un llamamiento para la entrada en vigor de forma urgente de una tregua humanitaria de al menos un mes para poder atender a las necesidades de la población.

El Consejo de Seguridad analizó ayer la petición y Rusia consideró que la iniciativa «no era realista», según su embajador, Vassily Nebenzia. Estados Unidos, por su parte, propone un alto el fuego que se extienda durante todo un mes.

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