Líbano exige unido la vuelta de Hariri

Emmanuel Macron conversa con el príncipe heredero Mohamed Bin Salman en su visita a Riad. ::  afp/
Emmanuel Macron conversa con el príncipe heredero Mohamed Bin Salman en su visita a Riad. :: afp

Hezbolá, su gran enemigo, insiste en que el primer ministro permanece en Arabia Saudí contra su voluntad

MIKEL AYESTARAN JERUSALÉN.

La dimisión del primer ministro Saad Hariri, por televisión y desde Riad, ha conseguido un efecto contrario al que se podía esperar y, en lugar de una crisis de gobierno, una semana después, las fuerzas políticas que forman el Ejecutivo de unidad nacional no reconocen su renuncia y le piden que regrese. Desde sus compañeros del Movimiento Future hasta Hezbolá exigen el retorno del dirigente suní, que sigue en Riad.

El último peso pesado de la política libanesa que abordó el 'caso Hariri' fue el secretario general de Hezbolá, Hasán Nasralá, quien en un discurso televisado señaló que «el jefe de Gobierno libanés está detenido en Arabia Saudí y por el momento no se le permite volver. Lo han puesto en arresto domiciliario» y, pese a las diferencias que tienen con Future, condenó «la humillación a la que han sometido a Hariri, nuestro adversario político, pero también nuestro primer ministro».

El líder del Partido de Dios advirtió además que «lo más peligroso es que se está incitando a Israel a atacar a Líbano» y auguró que «los saudíes perderán aquí, como han perdido en otros frentes».

La polémica dimisión a distancia del primer ministro libanés se enmarca dentro de la 'guerra fría' entre saudíes e iraníes, que se disputan la hegemonía en la región. Hariri sería el hombre de Riad en Beirut y con su dimisión el reino wahabí buscaría «echar a los lobos a los ministros de Hezbolá» (partido chií vinculado a Irán), según escribe Robert Fisk en 'The Independent'. Sin embargo, «han logrado lo contrario y la nación libanesa se ha despertado contra ellos(...) Incluso los suníes están muy molestos con sus aliados saudíes» dice el decano de la prensa occidental en la región.

El presidente francés, Emmanuel Macron, viajó por sorpresa a Riad en medio de la confusión y se reunió con el príncipe heredero y ministro de Defensa, Mohamed Bin Salman, con quien trató temas como «la lucha contra el terrorismo y los esfuerzos para lograr la seguridad y la estabilidad en Oriente Medio», según la agencia oficial saudí SPA.

Riesgo de escalada bélica

También hablaron de Hariri y el dirigente galo expresó la importancia de mantener «la estabilidad, seguridad, soberanía e integridad del Líbano». Al heredero al trono saudí, de 32 años, se le acumulan los frentes y, además del caso Hariri, mantiene los embargos a Catar y Yemen y ha encerrado a más de 200 príncipes y ministros de su propio país bajo la acusación de corrupción.

El Gobierno estadounidense empleó palabras similares a las de Macron y urgió a respetar la «soberanía e independencia» libanesas. Rex Tillerson, secretario de Estado, emitió un comunicado en el que advirtió contra la intención de usar a Líbano «como un lugar para conflictos entre terceros» o «contribuir de cualquier manera a la inestabilidad en ese país». Un mensaje válido para Hezbolá, pero también para el gran aliado árabe del presidente Donald Trump en la región, Arabia Saudí.

Bin Salman acusó hace una semana a Irán y Hezbolá de cometer un «acto de guerra» con el lanzamiento de un cohete por parte de los rebeldes hutíes de Yemen. Nasralá, líder de Hezbolá, respondió con las mismas palabras y aseguró que «Arabia Saudí ha declarado la guerra a Líbano». De momento, el enfrentamiento es verbal aunque Arabia Saudí, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Bahrein han pedido a sus ciudadanos que abandonen Líbano.

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, advirtió por su parte de que un nuevo conflicto en este pequeño país de Oriente Próximo tendría «consecuencias devastadoras» y dijo que estaba comprometido en «intensos» contactos con todas las partes para intentar rebajar la tensión.

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