Irán sufre el peor terremoto del año

El seísmo, localizado en la frontera con Irak y de una magnitud 7,3 en la escala Richter, dejó al menos 400 muertos y se sintió en la costa de Israel

MIKEL AYESTARÁN CORRESPONSAL JERUSALÉN.

La tierra tembló en la frontera entre Irak e Irán y las crisis políticas regionales o la guerra contra el califato quedaron en un segundo lugar ante la fortaleza de un terremoto de una magnitud 7,3 en la escala de Richter. Al menos 400 personas perdieron la vida y más de 6.000 resultaron heridas en un temblor cuyo epicentro se situó en la localidad iraní de Azgale, pero que se dejó sentir en Teherán, Bagdad y en lugares más alejados como Kuwait o la costa de Israel, lo que generó gran inquietud en todo Oriente Medio. El Centro Sismológico de la capital iraní informó que se produjeron más de cien réplicas y que algunas de ellas alcanzaron una magnitud 4,7 en la escala de Richter.

Los iraníes se llevaron la peor parte y la localidad de Sarpol-e-Zahab, a unos 15 kilómetros de la frontera, se convirtió en la auténtica zona cero. Situada en la provincia de Kermansha, en pleno Kurdistán de Irán, aquí se registró el mayor número de víctimas mortales y donde la destrucción fue más importante. Equipos de respuesta de emergencia de la Media Luna Roja, «que incluyen los dedicados al cobijo temporal, primeros auxilios y búsqueda y rescate en las ciudades afectadas», según informó la organización, se desplazaron inmediatamente a la zona.

El problema es que se trata de un área montañosa y muchas carreteras quedaron impracticables con lo que la forma más rápida de llevar ayuda humanitaria o evacuar heridos fue con helicópteros. Muchas casas en esta zona del país están construidas a base de ladrillos de barro y no aguantaron la violencia de un temblor de semejante magnitud. «La situación de devastación continúa creciendo», informó la Federación Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (FICR) en un comunicado emitido a media tarde desde su sede en Ginebra. Organizaciones humanitarias locales elevaron a 70.000 el número de personas damnificadas que se habían quedado sin hogar y precisaban de tiendas para pasar estas primeras jornadas posteriores al temblor más grave que se ha registrado hasta ahora en 2017.

El Líder Supremo, Ayatolá Jamenei, puso «todas las capacidades del país» al servicio de las víctimas y el presidente, Hasán Rohani, convocó de urgencia al Ejecutivo en Teherán. El dirigente moderado anunció su intención de viajar a la zona afectada a la que el primer alto cargo en llegar fue el ministro del Interior, Abdolreza Rahmani Fazli, y donde se desplegó también el Ejército.

Los corresponsales extranjeros con base en Teherán no pudieron trasladarse a los lugares afectados debido a la falta de permisos del ministerio de Cultura y Guía Islámica, imprescindible para poder salir de la capital. El corresponsal de 'The New York Times', Thomas Erdbrink, señaló a través de las redes sociales que deberán esperar «a un viaje organizado»por los responsables del ministerio.

En Irán conocen bien el peligro de los terremotos. El 23 de diciembre de 2003 un temblor de 6'6 en la escala de Richter asoló la ciudad de Bam, situada al sureste, y más de 30.000 personas perdieron la vida. La catástrofe fue de tal magnitud que el entonces presidente del país, Mohamed Jatami, hizo un llamamiento de ayuda internacional. Este terremoto provocó que Estados Unidos acabara con más de veinte años de incomunicación y enviara personal de ayuda humanitaria a la República Islámica.

El de Bam fue el último gran temblor en un país donde los sismólogos alertan una y otra vez a las autoridades sobre el riesgo sísmico de Teherán, la enorme capital que se asienta entre dos grandes fallas, una en el norte y otra en el sur, por lo que la califican como «una de las capitales más sensibles del mundo».

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