Los niños gitanos vuelven al colegio en Irak por primera vez en 14 años

Malak (i) atiende a una clase. /Haidar HAMDANI (Afp)
Malak (i) atiende a una clase. / Haidar HAMDANI (Afp)

Muchos habían huido de su región natal para escapar de la violencia y acabaron mendigando

COLPISA / AFP

Malak, de 10 años, está contentísima con su mochila a cuestas. Esta iraquí de la minoría gitana, la más marginada del país, aprobó con buena nota los exámenes y piensa seguir estudiando en el colegio abierto en su aldea 14 años después de que islamistas armados lo destruyeran. «Veía a niños con mochilas en la televisión y parecían felices de ir al colegio», cuenta a la AFP. «Sentía un poco de envidia porque nuestro colegio fue destruido hace años».

En 2004, grupos armados islamistas atacaron su aldea de Al Zuhur en la provincia de Diwaniya, a 200 kilómetros al sur de Bagdad, y destruyeron la escuela.

Antes de la invasión estadounidense de 2003 y de la caída del régimen de Sadam Husein, los gitanos eran conocidos por sus bailarinas y músicos e invitados a las fiestas oficiales. Después la situación de esta minoría llegada de India hace siglos cambió radicalmente. Los gitanos de Irak son de confesión musulmana, pero los grupos islamistas los acusaron de organizar fiestas en las que se consumía alcohol y de tener costumbres laxas. Muchos de las decenas de miles de gitanos de este país de 37 millones de habitantes huyeron de su región natal para escapar de la violencia y acabaron mendigando.

Fue lo que ocurrió en el pueblo de Al Zuhur después del ataque islamista de 2004 en el que hubo muertos y heridos. Gracias a una campaña de recaudación de fondos, cientos de familias lograron reabrir el colegio en esta aldea sin asfaltar y con una hilera de casas de piedra con tejados de hojas de palmera. Hay zonas con basura amontonada entre la que caminan las ocas.

«Cuando me enteré era la más feliz del mundo, le supliqué a mi padre que me inscribiera», asegura Malak, tocada con un velo color salmón a juego con su abrigo. Ahora que estudia «Lectura, Escritura, Matemáticas y Ciencias », Malak «sueña con ser profesora» para un día dar clases a los niños de la aldea.

A falta de colegio, algunos intentaron seguir su escolaridad en centros de los alrededores pero como «les insultaban y a veces pegaban, muchos pararon», explica Manar al Zubeidi, una militante de derechos humanos en la provincia de Diwaniya. Esta iraquí chiita, confesión mayoritaria en el país, fue una de las promotoras de la campaña para la reapertura de la escuela de Al Zuhur.

En internet, junto con otros cooperantes hartos de que muchas asociaciones de derechos humanos no les hicieran caso en cuanto abordaban el tema de los gitanos, lanzó el hashtag 'los gitanos son humanos'. A fuerza de perseverancia, la campaña llamó la atención del ministerio de Educación, de Unicef y de la instancia gubernamental encargada de los derechos humanos.

Primero juntaron el material y luego buscaron profesores. No fue fácil por «las barreras sociales», asegura Zubeidi. Muchos declinaron la oferta por miedo a ser encasillados por la mala fama que persigue a los gitanos en Diwaniya, la segunda provincia más pobre de Irak y con muchas minorías.

Qasem Abas dudó pero «uando supo que estos niños llevaban 14 años sin colegio, pensó que «trabajaba en la enseñanza para dar clase a todos, sin distinción de sexo o de origen», y aceptó. Desde el comienzo del curso escolar es el director del centro Al Nakhil. El profesor resiste frente a los comentarios peyorativos y a las críticas en las redes sociales. Con otros maestros se ocupa de 27 niños de educación primaria. En los exámenes de fin de semestre vio el resultado de sus esfuerzos: «El 90% de los alumnos aprobaron y muchos con notas altas».

Primero dieron clase en una carpa y ahora en un complejo prefabricado con seis aulas y tres salas de enfermería, explica el representante de Unicef en Diwaniya, Haydar Sattar. Dentro de poco, Al Nakhil acogerá «cursos de alfabetización», sobre todo para las mujeres.

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