Estados Unidos quiere muerto al califa

Imagen de Al-Bagdadi difundida en julio de 2014. :: efe
Imagen de Al-Bagdadi difundida en julio de 2014. :: efe

El Pentágono da por hecho que Abu Baker al-Bagdadi sobrevivió a un bombardeo ruso a principios del verano y lo busca «todos los días»

MIKEL AYESTARAN JERUSALÉN.

El califato sufre derrota tras derrota, pero no hay ni rastro de su líder, Abu Baker al-Bagdadi, cuya última aparición fue un mensaje de voz en noviembre de 2016 llamando a los suyos a resistir frente al avance del Ejército iraquí en Mosul. El pasado 16 de junio los rusos anunciaron que, «casi con total seguridad», el califa podía ser una de las decenas de víctimas mortales de un bombardeo que realizaron a las afueras de Raqqa en una reunión de mandos del grupo extremista, aunque el Estado Islámico nunca lo ha confirmado como suele hacer cuando pierde a uno de sus hombres fuertes. Estados Unidos tampoco acepta la versión rusa y el general Stephen Townsend, comandante de la coalición internacional contra el EI en Irak y Siria, confirmó que «lo buscamos todos los días. No creo que esté muerto».

Hasta el momento han sido los estadounidenses los que se han apuntado las muertes de los yihadistas más importantes del EI como su 'número dos', Abu Ali al-Anbari; el responsable militar del califato, Abu Omar al-Shishani, o el encargado de prensa, Abu Muhammad al-Furqan. En el caso de Al-Bagdadi, por quien ofrecen una recompensa de 25 millones de dólares, el general Townsend admitió no tener «ninguna idea» del lugar preciso donde se encontraría, aunque apuntó a la zona del valle del Éufrates que se extiende entre Siria e Irak como su posible refugio tras la pérdida de bastiones como Faluya, Ramadi, Mosul o Tal Afar.

Los mandos estadounidenses piensan que, una vez concluida la lucha urbana contra el Estado Islámico en Raqqa y Deir Ezzor, en Siria, y Hawija y Qaim, en Irak, «el último combate será en el valle del Éufrates». Como ocurrió con Osama Bin Laden en 2011 en Pakistán, el general Townsend fue muy claro a la hora de anunciar que «cuando los encontremos, pienso que lo primero será intentar matarlo. Probablemente no vale la pena intentar capturarlo».

El «invisible»

Si el último mensaje de voz de al-Bagdadi data de noviembre del año pasado, las primeras y únicas imágenes del califa son del verano de 2014 en Raqqa, cuando se presentó ante sus seguidores en la mezquita de Al-Nouri días después de la proclamación del califato para pedir «obediencia» a los musulmanes de todo el mundo.

La breve historia de un califato que parece estar en las últimas ha sido tan mediática como reservado es su máximo responsable, a quien se conoce como «el califa invisible». En 2005, EE UU ya anunció la muerte de un insurgente conocido entonces como Abu Dua, uno de sus apodos, pero luego reapareció en 2010 al frente del entonces llamado Estado Islámico en Irak (ISI), que era en aquellos días la rama oficial iraquí de Al-Qaida.

Ibrahim al-Samarrai, su nombre original, tiene 46 años y se unió a la insurgencia tras la invasión estadounidense de Irak, en la que creció a la sombra de Abu Musab al-Zarqaui, uno de sus grandes ejemplos junto a Bin Laden. El sueño del califato, sin embargo, pudo con su fidelidad a Al-Qaida y en 2013 rompió con esta organización para llevar al Estado Islámico a lo más alto de la amenaza yihadista global.

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