El Estado Islámico dice adiós a Mosul y lleva su centro de mando a Tal Afar

El progresivo desalojo de los combatientes ha provocado otra oleada de civiles desplazados. :: efe

La pugna entre el Ejército iraquí y las milicias chiíes por liderar el último asalto demora la declaración de la victoria final

MIKEL AYESTARAN

erbil (irak). El califato arroja la toalla en Mosul y sus dirigentes han traslado su centro de operaciones a Tal Afar, a medio camino entre la que ha sido su 'capital' iraquí durante los últimos tres años y la frontera siria. Un movimiento que aviva la tensión entre las milicias chiíes, apoyadas por Irán y que rodean esta ciudad desde hace seis meses, y el Ejército iraquí, respaldado por Estados Unidos, ya que ambas fuerzas quieren liderar el asalto al último bastión yihadista en Irak. Abú Bará al-Mawseli, uno de los cabecillas del grupo yihadista Estado Islámico (EI) al que los medios de Irak consideran su número dos, situó en Tal Afar lo que denominó «el nuevo cuartel general del califato», según el sermón que pronunció en la oración del viernes y que recogió la cadena Al-Sumaria. Al-Mawseli confirmó con sus palabras la derrota de sus hombres en Mosul, donde la batalla en la ciudad vieja se libra ya casa por casa. Los yihadistas que quedan resisten hasta la muerte en puntos aislados y por ello la proclamación de la victoria militar se demora, pero ya no queda ninguna zona bajo control del EI.

Aunque a lo largo de la pasada semana el primer ministro iraquí, Haider al-Abadi, dio por derrotado al califato, las armas no han callado y, con la toma de Mosul en su recta final, las miradas apuntan ahora a Tal Afar. Esta ciudad situada 65 kilómetros al oeste de Mosul tenía antes de la llegada del EI 200.000 habitantes, tres cuartas partes de ellos turcomanos, y en los últimos tres años se ha convertido en zona de acogida para yihadistas que huyeron de bastiones perdidos como Ramadi, Faluya, Tikrit y, ahora, Mosul.

«Estamos ante la gran batalla final y por eso será la más complicada. Es el último refugio de los terroristas y a esto hay que sumar los problemas entre las fuerzas que quieren participar en la liberación, ya que aquí todos aspiran a su parte del pastel tras caída del califato», opina Aydin Maruf, dirigente del Frente Turcomano en Erbil y diputado de este partido en el Parlamento de la región autónoma kurda. Esos problemas a los que se refiere Maruf son la lucha interna entre Al-Abadi y las Unidades de Movilización Popular, las milicias chiíes que rodean Tal Afar y solo esperan la orden de Bagdad para lanzar el asalto definitivo, pero esa orden no llega.

Estas milicias se crearon en 2014, cuando el ayatolá Sistani, cabeza religiosa de los chiíes de Irak, secta mayoritaria del país, lanzó una fatua (edicto islámico) pidiendo el alistamiento de sus seguidores para frenar el ímpetu de un EI que tras tomar Tikrit y Mosul amenazaba con avanzar hacia Bagdad. La respuesta fue inmediata y, ante la desbandada de las fuerzas armadas, fueron estos paramilitares quienes llevaron el peso de la lucha antiterrorista hasta el pasado octubre, cuando Bagdad lanzó la operación sobre Mosul con liderazgo del Ejército. Sus detractores les acusan de graves violaciones de los derechos humanos contra la minoría suní y de tener una agenda sectaria marcada por el vecino Irán.

Los mandos paramilitares chiíes critican a Al-Abadi por plegarse a las órdenes de Estados Unidos y también por no querer hacer frente a la presión de Turquía, muy pendiente de Tal Afar por los vínculos históricos con esta plaza del antiguo Imperio Otomano, aunque en este caso también los chiíes reclaman su protagonismo porque una parte de los habitantes turcomanos pertenecen a su secta. «En el fondo lo que tenemos es un pulso entre iraníes y turcos, que no quieren ver a los chiíes dominando una zona tan estratégica», sostiene un diplomático europeo con larga experiencia en la región.

El ministro de Exteriores turco, Mevlut Cavusoglu, ya adelantó en octubre, cuando los paramilitares rodearon la ciudad para cortar las comunicaciones de los yihadistas con Siria, que «tomaremos todas las medidas necesarias porque pelear contra el EI es necesario, pero es una pelea que hay que planificar con cuidado para respetar los equilibrios étnicos y sectarios». Otros dirigentes turcos han sido menos diplomáticos y han amenazado con el envío de tropas, como en Siria.

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