Más de mil días de guerra en Yemen

El conflicto entre la coalición liderada por Árabia Saudí y los rebeldes hutíes ha extendido el hambre y la enfermedad por el país

MIKEL AYESTARAN CORRESPONSAL JERUSALÉN.

La guerra en Yemen cumplió ayer mil días y esta cifra redonda sirvió para recordar que más de 10.000 personas han perdido la vida en este tiempo y que el país se enfrenta a «la mayor hambruna que ha visto el mundo en muchas décadas, con millones de víctimas», según alertó el subsecretario general de Asuntos Humanitarios de la ONU, Mark Lowcock, debido al bloqueo aéreo y naval impuesto por Arabia Saudí. Este aniversario llegó apenas una semana después del asesinato del hombre que gobernó Yemen durante 33 años, Alí Abdulá Saleh, cuya ansia de poder es uno de los factores que explican el actual panorama que sufren los yemeníes. Además de los efectos de la guerra y el hambre, enfermedades como el cólera se ceban con una población civil que es la gran víctima de un conflicto al que no se ve salida a corto plazo.

La guerra con mayúsculas estalló en marzo de 2015, cuando una coalición árabe liderada por Arabia Saudí decidió atacar a los milicianos hutíes que se hicieron por la fuerza con el control del Gobierno de Saná. Los saudíes apoyaron desde el inicio a Mansour Hadi, elegido en 2012 presidente del país por consenso tras la salida de Saleh y reconocido por la comunidad internacional. El objetivo de los saudíes es hacer frente a los hutíes, que son zaidíes, una confesión derivada del chiismo, aunque se les conoce como hutíes por el clan que lidera el grupo desde 2004, y representan a un tercio de los 24 millones ciudadanos de un país de mayoría suní. El conflicto sectario que afecta a toda la región se ha trasladado también a Yemen donde las autoridades de Riad, la gran potencia suní, tratan de evitar que una milicia chií, a la que acusa de estar respalda por Irán, se haga fuerte en sus fronteras.

Este esfuerzo se traduce en una campaña masiva de bombardeos, en los que han muerto miles de civiles, a la que los hutíes han respondido en las últimas semanas con dos lanzamientos de cohetes a la capital saudí. El primero de ellos se produjo el 4 de noviembre y provocó el endurecimiento del bloqueo por parte de la coalición.

Arabia Saudí acusa a Irán de armar a los rebeldes, y EE UU, que lo da por hecho, pide sanciones a la ONU

Desde entonces se permite de forma puntual la entrada de ayuda humanitaria, pero no las importaciones comerciales, claves para la supervivencia de la población de un país meramente importador, lo que ha provocado que se disparen los precios de alimentos y combustible. El último cohete se lanzó hace una semana y, según los hutíes, el objetivo era el palacio real de Al Yamama, donde se estaba celebrando una reunión de altos cargos del reino. Riad acusa a Irán de armar a los rebeldes, pero desde la república islámica el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Bahram Ghasemi, volvió a negar «categóricamente» cualquier tipo de relación «con armas con Yemen».

Por su parte, desde Estados Unidos, gran aliado de la casa real saudí, la embajadora ante la ONU, Nikki Haley, también sostuvo que Teherán abastece de misiles a los rebeldes y reclamó al organismo internacional «estudiar sanciones contra Irán por sus violaciones del embargo sobre la venta de armas» al país.

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