«Por culpa del Daesh, los suníes somos terroristas para el resto del mundo»

El gran muftí de Irak, Mahdi Al Sumaidaie. :: m. a./
El gran muftí de Irak, Mahdi Al Sumaidaie. :: m. a.

La máxima autoridad de esta corriente islámica en Irak afirma que «no hay lugar en el país para voces moderadas» Mahdi Al Sumaidaie Gran muftí de Irak

MIKEL AYESTARAN BAGDAD.

El trabajo se acumula en las oficinas de la casa de la fatua de Bagdad, situadas en la segunda planta de la mezquita Um Al Tubol. Este es el organismo encargado de dictar edictos islámicos y la sala de espera está llena ante el despacho del jeque Mahdi Al Sumaidaie, un clérigo que llamó a coger las armas contra EE UU en 2003, pero que desde la retirada de los estadounidenses se ha alineado del lado del Gobierno de Bagdad.

Líderes de las tribus de las zonas liberadas del califato acuden cada día a ver al gran muftí (máxima autoridad religiosa) en busca de ayuda. A la división sectaria entre chiíes y suníes, la irrupción del grupo yihadista Estado Islámico (EI) ha sumado la escisión en el seno de la comunidad suní entre quienes apoyan al grupo y quienes lo han sufrido. Al gran muftí le toca mediar y ser también la cara de la comunidad suní ante un Gobierno en manos de la mayoría chií.

-Ahora que la fase militar en la guerra contra el EI está a punto de terminar, ¿cuál es la herencia que dejan tres años de califato?

-El extremismo religioso, por una parte, y la muerte y destrucción, por otra. Mataron a todos los que no pensaban igual y destruyeron sus casas. Luego está el tema de las venganzas, tanto entre la propia comunidad suní como por parte de miembros de la otra secta. Hay que poner fin a las venganzas. El Daesh (acrónimo en árabe del EI y forma que emplea el jeque para referirse al grupo) ha sido una enorme catástrofe.

-Hay cientos de miles de familiares de miembros del grupo que no pueden regresar por miedo a la venganza de los vecinos...

-Hubo milicianos que llegaron del exterior, pero en Irak es un grupo autóctono en el que la columna vertebral es puramente iraquí. Gente que fue oprimida tras la invasión de EE UU por las políticas adoptadas por los gobiernos de Bagdad y que luego se convirtieron en opresores. Uno de los grandes problemas ahora es que las familias de los que abrazaron al Daesh están pagando un precio que no les corresponde, los padres, hijos y esposas de los miembros del grupo no deberían ser culpables, pero aquí manda el deseo de venganza.

-¿Qué pueden hacer desde la cúpula religiosa para erradicar esta interpretación extremistas del islam?

-Es importante tratar de empezar una nueva vida, pero nosotros solo podemos dar los pasos que nos permitan las circunstancias. Hemos preparado libros para los jóvenes y tenemos cientos de nuevos imanes que ya trabajan en las zonas liberadas para predicar un mensaje moderado. No será sencillo.

-¿Cómo llegó el extremismo a Irak?

-Aquí no existía el extremismo, el islam de Irak era moderado hasta que en 2003 llegó la invasión estadounidense y todo cambió. Yo mismo pasé cinco años detenido en Abu Graib y Camp Bucca acusado de ser terrorista de Al Qaida... He sufrido varios intentos de asesinato por parte de los grupos extremistas y catorce años después de la invasión, y con todas las cosas extrañas que vi en las prisiones, puedo asegurar que Daesh es un producto de Estados Unidos, no tengo duda. Ellos son también los culpables de la actual división sectaria en el país.

-¿Cómo queda la comunidad suní de Irak tras la guerra?

-Primero nos acusaron de ser baazistas, luego de Al Qaida y ahora de Daesh, todo con el objetivo de destruirnos, y lo cierto es que Daesh ha terminado con nosotros. Los suníes hemos perdido la dignidad y ya nadie nos respeta por su culpa, somos simples terroristas de cara al resto del mundo.

-A usted le han intentado asesinar en varias ocasiones y en febrero el EI le señaló como uno de sus objetivos, ¿piensa seguir en el cargo?

-Voy a seguir porque nuestro trabajo es fundamental en estos momentos. El problema es que parece que en este país no hay sitio para las voces moderadas. Nadie recuerda que desde 2003 han sido asesinados 700 imanes y más de 4.000 fuimos detenidos por los estadounidenses.

-El califato ya ha perdido todos los núcleos urbanos que controlaba y la lucha ahora se ha trasladado al desierto, ¿es el final del EI?

-No, rotundamente no. El final de la guerra no significa el final de Daesh, pero nosotros estaremos con el Gobierno para intentar garantizar la seguridad.

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