Nuevos brotes de violencia alejan la paz de Nicaragua

Se cumplen ya 25 días de las protestas contra los recortes sociales del Gobierno de Daniel Ortega, con un balance de 53 víctimas mortales

MILAGROS L. DE GUEREÑO

La paz demandada tanto por el oficialismo como por la oposición se resiste a llegar al cumplirse 25 días de las protestas contra Daniel Ortega en Nicaragua. Tras unos días en los que la tensión cedió un poco, al menos diez ciudades del país vivieron el fin de semana batallas campales entre manifestantes que arrojaban adoquines y montaban barricadas con piedras y neumáticos contra la policía que los dispersaba con bombas lacrimógenas, balas de goma y de plomo. Después de una última llamada a la calma del presidente, el Ejército aseguró que «no va a reprimir protestas» y también convocó a dialogar al creer que «es la solución» al conflicto. «No hay un solo soldado involucrado en hechos de represión», dijo el coronel Manuel Guevara. El portavoz militar apuntó que el Ejército resguardó «objetivos vitales para el funcionamiento del país» y continuará «estrictamente apegado» a la Constitución.

El epicentro de estas protestas se concentró en Masaya, a 27 kilómetros de la capital, Managua. Encapuchados saquearon durante la noche los principales comercios y ayer la ciudad amaneció entre cristales rotos y barricadas. Vecinos de la localidad aseguraron que los saqueadores no eran los manifestantes. Sugerían que los autores del caos eran paramilitares orteguistas. El cruce de acusaciones no es nuevo. Y la fórmula de echarle la culpa al otro también se ha aplicado en Venezuela.

Plazo límite para el diálogo

Pero lo trágico es que en menos de un mes 53 personas han perdido la vida en esa confrontación, aunque la Comisión Permanente de Derechos Humanos eleva la cifra a 63. La última muerte ocurrió este sábado en Masaya. Un hombre quedó tirado en el suelo, boca abajo en medio de un charco de sangre. Ahí mismo, con unas tablas para hacer una cruz y unas piedras, la gente improvisó un altar al que colocaron unas flores y velas. La violencia en el país comenzó de inmediato tras el decreto para aumentar la aportación a la seguridad social y rebajar la jubilación. El presidente Ortega dio marcha atrás, pero el descontento por la dura represión contra civiles avivó las marchas, que ahora exigen la renuncia del Gobierno.

Los obispos del país aceptaron ser mediadores de un diálogo amplio con toda la sociedad. La condición era el fin de la represión y que se permita la entrada al país de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH) para investigar los actos de violencia.

La Iglesia ha dado de plazo hasta este mediodía para cursar esa invitación. Monseñor Silvio José Baéz, obispo auxiliar de la arquidiócesis de Managua y uno de los cinco obispos que mediará en el diálogo, pidió en su cuenta de Twitter «que el presidente Ortega dé la cara en televisión y explique lo que sucede en Masaya, que detenga las fuerzas represivas y muestre su voluntad de evitar un caos social». La vicepresidenta, Rosario Murillo, afirma que desean el diálogo, pero no concreta la fecha. Para la oposición solo buscan ganar tiempo.

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