Un nuevo tiroteo en EE UU reabre el debate sobre si se debe armar a profesores

Estudiantes del instituto de Maryland donde ocurrió el ataque. :: afp/
Estudiantes del instituto de Maryland donde ocurrió el ataque. :: afp

Un vigilante jurado contratado por el instituto acabó con la vida del joven tirador, que hirió de gravedad a dos alumnos

M. GALLEGO NUEVA YORK.

Hace una semana los estudiantes del Instituto Great Mills de Maryland participaron en una jornada de paro nacional que sacó a los jóvenes de clase para protestar por la falta de control de armas. Ayer se enfrentaron ellos mismos a la pesadilla de salir corriendo de los disparos. A las 7:55 horas, mientras aún hablaban en los pasillos a punto de empezar las clases, Austin Wyatt Rollins, un estudiante de 17 años, había decidido vengarse del despecho de una novia, pistola en mano.

«No oí el disparo, pero vi una coleta rubia caer al suelo y salí corriendo», contó a MNSNBC uno de los estudiantes, Terrence Rhames. La coleta pertenecía a una chica de 16 años que ayer luchaba por su vida en un hospital cercano, mientras que otro chico de 14 años que resultó herido parecía haber salvado la vida.

No hubo más heridos salvo el autor de los disparos, que en cuestión de segundos se enfrentó, como en un duelo del oeste, a un «oficial escolar de recursos» -vigilante jurado-, con entrenamiento policial en las fuerzas especiales, que el instituto había contratado el año pasado. Cada uno disparó un bala, pero el policía tenía más puntería y no resultó herido. Rollins fue declarado muerto dos horas y media después en un hospital.

Si el incidente no se cuenta como masacre es porque el joven enajenado portaba una pistola y no un rifle automático de asalto como el que llevaba Nikolas Cruz en Parkland el mes pasado, Stephen Paddock en Las Vegas, Omar Matten en Pulse, Adam Lanza en Sandy Hook y así un largo etcétera de los tiroteos más mortales de EE UU.

Los amigos de las armas preferirán argumentar que lo que evitó más pérdidas humanas fue la cercanía de un buen hombre armado, decididos a entrenar a profesores y armar a todo el mundo hasta los dientes como receta contra la mortal epidemia.

Blaine Gaskill -como se llama el vigilante- es, ciertamente, el héroe del día y hará las delicias del presidente Trump, que ha ofrecido un sobresueldo a los profesores que acepten entrenamiento para portar armas. Y a pesar de su rápida reacción -«segundos, ciertamente menos de un minuto», explicó el sheriff Timothy Cameron- un AR-15 hubiera escupido en ese tiempo al menos 45 balas.

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