Muere a los 81 años Winnie Mandela

GERARDO ELORRIAGA MADRID.

La garganta seccionada de un adolescente arruinó la reputación de Winnie Mandela. La sombra de la sospecha ya se cernía sobre ella cuando en 1990, un año después del crimen, acompañó la triunfal marcha de su marido Nelson Mandela tras la definitiva salida de la prisión. El líder sudafricano habló de paz y reconciliación a las masas que seguían su cortejo. Ella le ofrecía su mano derecha, mientras la otra se erigía sobre su cabeza, henchida de orgullo. Esa férrea convicción, simbolizada en el puño en alto, había derivado, según sus detractores, en un poder cruel entre los suyos.

Durante la década de los 80, la esposa del recluso constituía una autoridad de facto en Soweto, donde ejerció la represión con violencia e impunidad. Ayer, a los 81 años de edad, Winnie Madikizela Mandela falleció en su hogar tras una enfermedad no identificada que la había conducido a diversas estancias hospitalarias. La muerte de Stompie Seipei sepultó la credibilidad de Winnie Mandela. Aquel muchacho, pequeño caudillo de la resistencia callejera, y otros tres compañeros fueron secuestrados por miembros del Mandela United Football Club, una entidad con nombre deportivo y aspiraciones paramilitares. Los jóvenes fueron acusados de informar a la Policía y el primero, asesinado por Jerry Richardson, guardaespaldas de Winnie y que incluso llegó a declarar haber efectuado el rapto por orden de su patrona. La dirigente del Congreso Nacional Africano fue condenada a seis años de cárcel, una sentencia que, en los vericuetos del sistema judicial sudafricano, se transformó en mera multa.

La madre de la nación vio arruinada tanto su reputación como su matrimonio. Los Mandela se separaron en 1992 y el divorcio llegó cuatro años después. Las acusaciones de corrupción también la apartaron del primer Gobierno democrático, del que formó parte como titular de la cartera de Arte, Cultura, Ciencia y Tecnología. La antigua trabajadora social en un hospital, que denunciaba las enormes diferencias entre la minoría dirigente blanca y la mayoría negra, se había erigido en un icono de la lucha antiapartheid tras convertirse en la segunda esposa de Mandela.

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