Mikel Ayestaran recoge el Premio Manu Leguineche

Ayestaran recibe el premio de manos del presidente de la Diputación Provincial de Guadalajara. :: n. n./
Ayestaran recibe el premio de manos del presidente de la Diputación Provincial de Guadalajara. :: n. n.

«No conocía nada de esto, pero es que ya conozco mejor Siria que España», dijo el reportero de guerra en la iglesia de Brihuega, que acogió la entrega del galardón

R. C.

madrid. «No conocía nada de esto, pero es que ya conozco mejor Siria que España». Las palabras de Mikel Ayestaran, que anoche recibió en la iglesia románica de San Miguel, en Brihuega (Guadalajara), el V Premio Internacional de Periodismo 'Cátedra Manu Leguineche' son un reflejo de la vida, muchas veces errante, de un corresponsal de guerra. Su trabajo le ha llevado en estos últimos once años a Líbano, Irak, Irán, Siria, Afganistán, Pakistán, Túnez, Libia, Egipto, Yemen, Israel... cubriendo conflictos para este periódico. Desde 2015, tiene su residencia en Jerusalén con su familia y ayer se dio un salto al pueblo alcarreño que tanto amó Leguineche, fallecido hace tres años, para recoger el galardón que lleva el nombre del considerado jefe de la tribu de los corresponsales de guerra españoles. El premio, dotado con ocho mil euros, está promovido por la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), la Universidad de Alcalá (UAH), la Diputación de Guadalajara, el Ayuntamiento de Brihuega, y la Fundación General de la Universidad de Alcalá. El concurrido acto de anoche incluyó un interesante debate periodístico planteado como 'Diálogo con Mikel Ayestaran'. Con este premio se ha querido reconocer la labor del periodista guipuzcoano de 42 años como contador de historias (casi siempre en condiciones muy duras) que acercan a los lectores a la angustiosa realidad de esos niños, ancianos y familias que viven en territorios hostiles. La humanidad que imprime Ayestaran en sus reportajes es la guinda de unos textos cargados de rigor, respeto a la verdad y defensa de la libertad de expresión. Y a estos valores que ha demostrado en sus más de diez años como corresponsal de guerra se suma su excepcional calidad literaria.

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