Merkel mantiene su ventaja tras un debate 'sin sangre' con su rival

Los periodistas siguen el debate Merkel-Schilz. :: Reuters
Los periodistas siguen el debate Merkel-Schilz. :: Reuters

Tanto la canciller como Schulz, el candidato socialista a presidir el próximo Gobierno alemán, mostraron posturas coincidentes en numerosos asuntos

JUAN CARLOS BARRENA BERLÍN.

La campaña electoral alemana tuvo anoche su momento crucial con el único debate televisivo entre los dos principales candidatos a la jefatura del Gobierno, la canciller federal, la conservadora Angela Merkel, que aspira a su reelección y a gobernar una cuarta legislatura consecutiva, y el aspirante del Partido Socialdemócrata (SPD) y expresidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz. Mientras Merkel respondió serena y con su habitual tranquilidad a las preguntas de los cuatro moderadores del duelo de otras tantas cadenas televisivas germanas, Schulz buscó la confrontación en los pocos momentos que tuvo ocasión de atacar a su rival, consciente de que el enfrentamiento ante las cámaras es su última oportunidad para acortar distancias. Las encuestas anteriores coinciden en adjudicar una ventaja de unos 15 puntos a los partidos de la Unión (cristianodemócratas y socialcristianos bávaros, CDU/CSU), frente al SPD. Los primeros sumarían entre un 37% y un 40% de votos, los segundos de un 22% a un 25%.

Al término del debate de 97 minutos, la cadena pública de televisión ZDF ofreció el resultado de un sondeo relámpago realizado a mitad del duelo, según el cual, Merkel se habría impuesto a Schulz a juicio del el 33% de los encuestados, frente al 24% que daban el triunfo a Schulz; mientras un 43% consideró que los dos candidatos quedaron igualados.

Sin embargo, durante el debate predominaron las coincidencias y los comentarios en los que un candidato reconocía compartir la política que defendía el otro. Es más, hubo varios agradecimientos de Merkel a Schulz y viceversa por exponer ante los espectadores una postura común. El candidato socialdemócrata difícilmente pudo criticar las decisiones de los últimos cuatro años del Gobierno de Merkel, toda vez que su propio partido las ha compartido como socio de la 'gran coalición' en la que los socialdemócratas cuentan con carteras decisivas como Exteriores, Economía y Justicia.

Diferencias mínimas hubo en cuestiones como la crisis de los refugiados. Merkel defendió de nuevo la decisión de abrir hace dos años las fronteras alemanas a cientos de miles de refugiados por cuestiones humanitarias, mientras Schulz le echó en cara haber actuado sin coordinarse con sus socios de la Unión Europea. O a la hora de abordar la crisis germano-turca, en la que Schulz exigió una actuación más decidida contra el régimen de Recep Tayip Erdogan y Merkel se mostró más diplomática y partidaria de mantener el hilo de diálogo entre Berlín y Ankara pese a las constantes provocaciones del presidente turco.

Pero se trataba de pequeños detalles, ya que las posturas de Merkel y Schulz fueron fundamentalmente coincidentes. Desde en la necesidad de parar los pies al régimen de Pyongyang por sus constantes provocaciones nucleares, al escándalo diésel y la amenaza que supone para la industria automovilística con sus 800.000 empleos en Alemania, o la lucha unida de Occidente contra el terrorismo yihadista internacional.

¿Con quién no gobernará?

Muchas cuestiones quedaron sin respuesta por falta de tiempo, desde la digitalización a la pobreza en la tercera edad, la educación o la igualdad de la mujer. Al final Schulz no quiso revelar con qué partido se niega a formar gobierno de coalición. La canciller apuntó a los dos extremos. Los conservadores nunca se aliarán con la ultraderechista Alternativa para Alemania ni con el partido poscomunista La Izquierda.

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