«Los médicos que se quedaron en Siria hacen lo que pueden, no lo que deben»

Aitor Zabalgogaezkoa, durante una reciente visita a la capital vizcaína. :: borja agudo
Aitor Zabalgogaezkoa, durante una reciente visita a la capital vizcaína. :: borja agudo

Director general de la ONG durante seis años, afirma que la situación en Siria es «como una pequeña guerra mundial» Aitor Zabalgogaezkoa Médicos Sin Fronteras en Turquía

MARTÍN IBARROLA

Aitor Zabalgogaezkoa nació hace 53 años en Bilbao, pero asegura que le pesan las raíces familiares de Gernika, en cuyos montes se aficionó a la espeleología. Antes de ser director general de Médicos Sin Fronteras (MSF) desde 2006 a 2012, trabajó como fotógrafo para periódicos locales, produjo contenidos televisivos y se curtió siendo freelance en zonas de conflicto. Vivió en sus carnes estampas tan cruentas como la guerra de Chechenia o el narcoestado de Colombia, por lo que tampoco sorprende ese secreto que confiesa con mirada tranquila: «Hace tiempo que dejé de sacar fotos».

-¿Qué personal tiene MSF dentro de Siria?

-Hay nueve trabajadores internacionales en las zonas controladas por los kurdos y unos 850 nacionales sirios en centros que apoyamos y están repartidos por el país. A raíz de un secuestro en 2014 no trabajamos en las áreas del Estado Islámico y nunca hemos contado con nadie en los territorios del Gobierno.

-Antes, la figura del médico era sagrada. Ahora los hospitales se han vuelto un objetivo de guerra.

-Solo en el mes de mayo, la provincia de Idlib sufrió ataques a doce centros de salud. Evidentemente no fueron bombardeos aleatorios.

-¿Quién está detrás de los ataques?

-Al ser aéreos se trata, casi seguro, del Gobierno sirio o de la aviación rusa. De todas maneras, también hay muchos incidentes de grupos armados de la oposición que asaltan hospitales e interfieren en la funciones de los médicos a base de amenazas. Es una estrategia demasiado habitual.

-¿Qué ganan con eso?

-Desmoralizar a la población y limitar su capacidad para lidiar con el conflicto. Hay mucha gente que está dispuesta a soportar los bombardeos, siempre y cuando tengan acceso a los recursos básicos. Sin esas estructuraras la guerra se hace insoportable y la gente se desplaza. Los combatientes parecen haber olvidado que la medicina es una parte del sistema civil, junto al abastecimiento de agua, las escuelas... Por lo tanto, el personal que ofrece estos servicios está protegido por el derecho internacional humanitario.

-¿Hay leyes para hacer la guerra?

-Por supuesto, las Convenciones de Ginebra fueron un compromiso entre estados para limitar los daños y efectos de los conflictos armados. Tenemos un trabajo pendiente a largo plazo para revisar estos convenios. Los países deben comprometerse y cumplir las reglas.

-¿Cómo son los hospitales de campaña?

-Hemos montado instalaciones provisionales en el sótano de una escuela fortificada de Alepo, en una granja de pollos y hasta en una cueva de la provincia de Latakia. Nunca hay más de treinta camas, los quirófanos casi no tienen equipo médico y se encuentran en lugares que no están acondicionados para ello, con problemas de agua y de suministro eléctrico. Además, el personal no siempre está capacitado para el trabajo que desempeña. Muchos doctores sirios se fueron al extranjero al comenzar la guerra. Están muy bien educados, por lo que no suelen tener problemas en encontrar trabajo. Los médicos que se quedaron llevan cinco años solos bajo las bombas y las interferencias de los grupos armados. Hacen lo que pueden, no lo que deben.

-El conflicto empezó en 2011. ¿Cómo ve a la situación seis años después?

-Ambos bandos están exhaustos. El problema es que nos encontramos en una pequeña guerra mundial. Entre la coalición liderada por EE UU y la comandada por el Gobierno sirio hay 60 países implicados. Muchos estados siguen echando gasolina al fuego porque no pagan el mismo peaje humano que los sirios. Desde que comenzó la guerra, ha habido al menos un millón de heridos.

-¿Cómo ha afectado esto a la sanidad general?

-La asistencia médica no solo se limita ya al trauma causado por una bomba, un disparo o un enfrentamiento armado. Los ataques a hospitales, la expatriación de médicos y la falta de suministros han deteriorado todo el sistema de salud y la población empieza a padecer condiciones de todo tipo.

-MSF ha denunciado la necesidad urgente de vacunar a la población.

-Los niños nacidos durante la guerra están al 30% de vacunación, cuando el porcentaje mínimo para que surja el llamado efecto rebaño debería superar el 80%. La polio ha aparecido en las zonas del Estado Islámico donde no se toleran las vacunas, en la cuenca iraquí del Éufrates se han dado casos de cólera Los obstáculos políticos que establecen países como Turquía, Siria, Jordania o Líbano y la violencia misma de la guerra limita nuestras labores humanitarias a un margen de movimiento muy pequeño.

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