Matan a una líder, nace un mito

M. VALENTE BUENOS AIRES.

Era casi desconocida hasta que en 2016 se convirtió en uno de los cinco concejales más votados de Río de Janeiro. Criada en una favela, Franco logró acceder a la universidad, de donde regresó como socióloga. Luego estudió Administración Pública. Como quedó demostrado en las últimas elecciones, era muy popular en los barrios pobres y en el movimiento feminista.

Sin dinero para la campaña, la candidata del izquierdista PSOL había devenido en emergente de la nueva política. Una mujer joven, independiente, honesta, con una carrera muy meritoria, que había elegido representar a los olvidados de la sociedad carioca: los pobres de las favelas, las mujeres negras, las víctimas de la violencia policial, o las minorías según su orientación sexual.

Su trágico final a los 38 años amenaza con transformar al personaje en un mito. Por de pronto, su ejecución ya es para diversos analistas un punto de inflexión en la problematica política brasileña que este año enfrentará un proceso de elecciones generales imprevisible.

Debido a su popularidad, el PSOL había resuelto que ella fuera la candidata a vicegobernadora de Río de Janeiro en los próximos comicios. Ahora ese proyecto quedó trunco.

El diputado de la agrupación, Marcelo Freixo, amigo personal de Franco, aseguró que «quien la mató creyendo que la estaba callando, no percibió que ella era una semilla». El dirigente, uno de los que cargó el féretro, advirtió de que el partido recibe mensajes y promesas de actos en todo el mundo. «No somos los dueños de ella. Marielle es del mundo ahora», declaró.

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