La mano de Rusia vuela de nuevo sobre Trump

M. GALLEGO NUEVA YORK.

En los consejos de dirección de grandes empresas de Estados Unidos se sopesa estos días cómo responder al daño que pueda surgir en los 'papeles del paraíso'. La ingente cantidad de documentos filtrados desde el gabinete de abogados Appleby al Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación promete ser una mina a explotar. El primer análisis ha dejado en evidencia al propio secretario de Comercio norteamericano, Wilbur Ross, que dijo haberse apartado de sus inversiones para evitar conflictos de intereses, pero resulta que mantiene su participación en una firma que hace negocios con el yerno de Putin.

«¿Por qué cuesta tanto a los asociados de Trump revelar sus relaciones con Rusia?», se preguntaba indignado por Twitter el senador Richard Blumenthal, miembro del Comité de Comercio del Senado. El legislador ha pedido una investigación para saber «qué intereses tiene en su corazón» el encargado de gestionar el comercio de EE UU.

Su participación en Navigator Holdings se ha mantenido después de ser nombrado por su viejo amigo Donald Trump secretario de Comercio. Uno de los mayores clientes de esta empresa es la firma de gas natural ruso Silbur, propiedad del yerno de Vladímir Putin Kirill Shamalov y otros oligarcas rusos como su amigo de judo Gennady Timchenko, en la lista de sanciones impuestas tras la anexión de Crimea. Ross tiene en esta empresa participaciones que 'The New York Times' estima por valor de entre dos (1,72 millones de euros) y diez (8,62) millones de dólares.

El secretario de Comercio niega las acusaciones y culpa a la prensa de empañar su nombre en vano. Su portavoz asegura que se había inhibido de tomar decisiones sobre «portes internacionales», un apartado demasiado grande para que lo ignore el secretario de Comercio.

La mano de Rusia ha aparecido también en esos papeles detrás de empresas como Twitter y Facebook, en las que multimillonarios rusos pusieron su dinero como inversión. Apple, por su parte, ha buscado esconder su dinero a través de empresas subsidiarias en paraísos fiscales como Irlanda donde los impuestos le sean más favorables. Según 'The New York Times' habría acumulado a ultramar 128.000 millones de dólares (110.000 millones de euros) en beneficios, más de lo que tiene en Estados Unidos.

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