Macron reforma por decreto el derecho laboral para ganarse a Bruselas

La 'flexiseguridad' laboral en Francia beneficiará sobre todo a las pequeñas empresas. /  BENIOT TESSIER / REUTERS
La 'flexiseguridad' laboral en Francia beneficiará sobre todo a las pequeñas empresas. / BENIOT TESSIER / REUTERS

Su 'flexiseguridad' encuentra menos oposición sindical que la socialista pese a ser más liberalizadora

FERNANDO ITURRIBARRÍA PARÍS.

El Gobierno francés presentó ayer la reforma laboral por decreto con la que Emmanuel Macron pretende combatir el paro endémico, que ronda el 10%, y de paso ganarse la credibilidad de Bruselas en su propósito de liderar con Alemania la refundación de la Unión Europea. Prometido en la campaña electoral y negociado con los interlocutores sociales, el dispositivo satisface a la patronal y encuentra menos oposición sindical que la promulgada entre fuertes movilizaciones por el anterior poder socialista a pesar de que, paradójicamente, vulnera tradicionales líneas rojas de las centrales.

«Francia es un Estado de derecho social y lo seguirá siendo porque estamos apegados a garantías que son un potente factor de progreso humano», declaró el primer ministro, Edouard Philippe, en defensa de una reforma «ambiciosa, equilibrada y justa». «El derecho laboral permanecerá en el corazón del modelo social francés pues su primera misión es proteger e insertar en el empleo a quienes están excluidos», prometió en la presentación de 36 medidas desglosadas en cinco decretos que serán aprobados por el Consejo de Ministros el 22 de setiembre para su inmediata entrada en vigor.

La filosofía de la reforma se inspira en el modelo escandinavo de 'flexiseguridad', que combina la flexibilidad para la contratación y el despido de las empresas con garantías de seguridad para los trabajadores. Sus principales beneficiarias son las pequeñas empresas, que representan el 95% del tejido empresarial y ocupan al 55% de los 18 millones de empleados del sector privado. Así, las sociedades con menos de 50 trabajadores, que suman únicamente el 4% de los delegados sindicales, podrán negociar directamente con sus plantillas todos los asuntos aunque no haya representantes sindicados. La reforma fija un tope para la indemnización por despido improcedente que será de veinte mensualidades por treinta años de antigüedad. En compensación, las indemnizaciones legales por rescisión justificada serán aumentadas en un 25%. Pero los sindicatos temen que se facilite el despido colectivo por motivos económicos en las multinacionales. En la actualidad hay que tener en cuenta la situación en todos los países donde se opera a la hora de justificar un ERE por dificultades financieras. En adelante el perímetro de apreciación se limitará a Francia.

La metodología empleada ha roto el frente sindical con el que se topó la menos ambiciosa reforma de François Hollande pese a ser tachada de ultraliberal. Fuerza Obrera se ha desmarcado de las movilizaciones convocadas el 12 de setiembre por la CGT mientras que la reformista CFDT, primera central en el sector privado, mantiene la apuesta por la concertación ya ejercida con el Gobierno precedente. Se produce así la paradoja de que los sindicatos fueron más duros con los socialistas que con el liberalismo social promovido por En Marcha, ungido por las victorias electorales en las presidenciales y legislativas de la pasada primavera.

El relativo vacío contestatario ha sido ocupado en el plano político por Francia Insumisa del izquierdista radical Jean-Luc Mélenchon, que trata de aprovechar el desplome en la popularidad de Macron, que ha caído 24 puntos hasta el 40%, a quien tildan de 'presidente de los ricos'.

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