Macron fulmina al jefe de los ejércitos

Tensión. Macron y Villiers, juntos durante el desfile de los Campos Elíseos en la fiesta del 14 de Julio. Dos días antes, el general había criticado al presidente. :: etienne laurent / efe

El presidente francés releva al general que osó quejarse del recorte en el gasto militar

FERNANDO ITURRIBARRÍA PARÍS.

Ordeno y mando. Más jupiterino que nunca, Emmanuel Macron fulminó al general en jefe de los ejércitos. El primer presidente francés que no cumplió el servicio militar puso orden en las filas. Pierre de Villiers le presentó ayer su dimisión irrevocable como jefe de Estado Mayor de las fuerzas armadas. La renuncia, sin precedentes desde la guerra de Argelia en la década de 1960, es el peaje de las quejas del dimisionario por los recortes en el presupuesto militar.

De familia aristocrática, católica y reaccionaria, Pierre Le Jolis de Villiers de Saintignon era un mando heredado de la presidencia del socialista François Hollande. Ocupaba la cúspide de la cúpula militar desde febrero de 2014. A los 61 años había llegado al límite legal de edad para permanecer en activo. Pero Macron le acababa de prorrogar en sus funciones hasta el 31 de julio de 2018. El general de cinco estrellas compartía su promesa electoral de elevar el presupuesto de Defensa hasta el 2% de la riqueza nacional en 2025 (50.000 millones de euros, 18.000 más que ahora). Hasta que el Ministerio de Economía anunció un recorte de 850 millones, el precio de 360 blindados, en el marco de un ajuste de 4.500 millones en el gasto público en el actual ejercicio para cumplir los objetivos de déficit.

«No voy a dejar que me jodan así», refunfuñó De Villiers con el proverbial lenguaje cuartelero de la Caballería, su cuerpo de armas. Lo hizo ante los diputados de la comisión de Defensa a puerta cerrada. Pero sus incendiarias palabras fueron filtradas a la prensa. Macron mandó parar. «Yo soy vuestro jefe», proclamó en la recepción castrense del 14 de Julio. El jefe del Estado y, constitucionalmente, de los Ejércitos, reprochó al amotinado la manera «indigna» de airear sus discrepancias sin sentido del deber ni de la reserva. La humillación pública del general ante sus subordinados y la plana mayor militar le dejó con las horas contadas.

Un joven recluta

El presidente y el general escenificaron la ruptura en el desfile de la fiesta nacional a bordo de un vehículo militar. El primero saludando sonriente, el otro serio e impasible el ademán. Al día siguiente el mando desautorizado y moralmente degradado publicó en Facebook una 'Carta a un joven recluta'. Era una alusión diáfana a un presidente de 39 años que nunca ha vestido el uniforme a consecuencia de la profesionalización del Ejército. «Porque todo el mundo tiene sus insuficiencias, nadie merece ser seguido a ciegas», hurgó en la confianza herida. Los intentos de una salida airosa a la crisis quedaron condenados al fracaso.

El Gobierno lo relevó ayer por el general François Lecointre, de 55 años, que era jefe del Gabinete militar del primer ministro desde que fue nombrado por Manuel Valls en 2016. Procedente de la Infantería de marina y curtido en la primera guerra del Golfo, Yibuti, Somalia y Ruanda durante el genocidio de 1994, en mayo de 1995 el entonces capitán dirigió el asalto al puente de Sarajevo. «Es un héroe que supo liberar a los soldados franceses en la guerra de Bosnia-Herzegovina y lanzarse al asalto con la bayoneta», enfatizó el ministro portavoz, Christophe Castaner.

En el Consejo de Ministros Macron rindió protocolario homenaje a la hoja de servicios del cesante, que se despidió de sus tropas con un último brindis al sol: «Valgo lo que quiero». El presidente reafirmó su compromiso de una subida paulatina del presupuesto militar, que en 2018 será de 34.200 millones frente a 32.700 este año (1,78% del producto interior bruto). Esa partida «permitirá proteger el país», aseveró el jefe de unas fuerzas armadas que tienen 30.000 soldados desplegados en misiones bélicas en el Sahel, Siria e Irak, además del dispositivo antiterrorista en territorio francés.

Con el episodio, Macron, muy criticado por la oposición, emite un mensaje de autoridad y firmeza al influyente grupo de presión de la industria militar. De paso, lanza un aviso a los navegantes por las aguas turbulentas de la disidencia. En el corral de los orgullos patrios solo hay un gallo. Los rayos de Júpiter fulminan a quienes rompen filas.

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