Macron se anota su primer gran tanto europeo

Macron regresa al Elíseo tras un acto oficial celebrado el pasado lunes. ::  Philippe LóPEZ / afp/
Macron regresa al Elíseo tras un acto oficial celebrado el pasado lunes. :: Philippe LóPEZ / afp

La nueva directiva para trabajadores desplazados llevaba año y medio parada, pero París lideró su activación

ADOLFO LORENTE BRUSELAS.

Es una filosofía tan sencilla como aplastantemente lógica. Mismo país, mismo trabajo, mismo sueldo, mismos derechos laborales, misma protección... Europa como un todo. La Europa de la gente, la que combate el 'dumping social'. 'La Europa que protege', como reza el 'leit motiv' acuñado por el presidente de Francia, Emmanuel Macron, el gran exponente del club en la dura batalla del relato contra el populismo. Y Macron, esta semana, se ha apuntado su primer gran tanto europeo.

Tras doce horas de negociación, el lunes por la noche, ya casi de madrugada, los ministros de Empleo de los 28 acordaron su posición negociadora sobre la nueva directiva de los trabajadores desplazados. Se trata de una iniciativa que llevaba año y medio parada, pero que Macron la asumió como una cuestión casi personal. La quería a toda costa. ¿Por qué? Porque como él mismo ha venido advirtiendo en los meses precedentes, este fenómeno fue clave para el triunfo del 'brexit', ya que las clases medias británicas asumieron el discurso de que los trabajadores de Europa del Este iban a Reino Unido a ocupar sus puestos de trabajo. Macron quería esta directiva y ya la tiene.

Es cierto que aún queda el plácet definitivo del Parlamento Europeo, pero no es descabellado decir que esta nueva legislación será una realidad, sí o sí, en cuestión de meses. Vía libre. De ahí que la Comisión y el Consejo saliesen el martes en tromba para felicitarse por el acuerdo pese a las nuevas fisuras que se crean con algunos países del Este. Ojo, no con el conjunto del bloque, y esto también es un hecho muy a tener en cuenta para romper la dinámica rupturista de un eje cada vez más tirante (occidente y oriente).

Elección tras elección, se constata cómo la socialdemocacria europea sigue de capa caída y lo está, según confiesan destacados dirigentes, por sufrir una fuga de votos hacia posiciones más radicales y populistas... Y no, no estamos hablando de ir más allá en la izquierda, sino de votar a la extrema derecha. La clase obrera ha cambiado de bando con mensajes nacionalistas e identitarios que en Francia, por ejemplo, ha defendido con cierto éxito Marine Le Pen.

Aquí es donde se juega gran parte de su existencia el club. La Comisión Juncker ha decidido echar el resto apostando con fuerza por el nuevo pilar de los derechos sociales, pero desde 2015 solo había logrado avanzar a contracorriente ante unos países que siguen arrastrando los pies. Pero llegó Macron y todo cambió.

Acuerdo con España

El expediente pasó a ser una gran prioridad. Dicho y hecho. El debate es mucho más retórico que práctico. Se trata de ganar la ganar la batalla del relato ante los populismos. Porque cuando se habla solo de cifras, el impacto de esta directiva es mínimo. Según los datos de Bruselas, existen ahora en torno a 1,9 millones de trabajadores desplazados, que no suponen ni un 1% de la masa laboral del conjunto de la UE.

La actual directiva ad hoc databa de 1996 y se ha había quedado obsoleta tras la ampliación de la UE hacia el Este y el Báltico. Ahora, permite desplazar a empleados cobrando el salario mínimo del país al que acuden y cotizando en el país de origen. Se trata de una práctica frecuente sobre todo en la construcción, la industria o los servicios sociales. ¿Qué supone el nuevo acuerdo? Se rebaja este periodo a doce meses, prorrogable otros seis en situaciones excepcionales, y se consagra el principio de a igual trabajo, iguales condiciones. Es decir, que a partir del segundo año, un polaco desplazado a Bruselas para ejecutar una obra podrá cobrar lo mismo y tener los mismos derechos que un belga con el que comparte tajo.

¿Qué sucede ahora y qué indigna a potencias como Francia, Alemania o el Benelux? Que muchas empresas optan por radicarse en los países más pequeños para ahorrarse los elevados costes laborales que una empresa debe afrontar en los grandes estados miembros. Lo que hacen es desplazar trabajadores, que les sale mucho más barato cobrando incluso un 50% menos que los nativos. Por eso no de extrañar que Hungría, Letonia, Lituania y sobre todo Polonia, el país más 'exportador' y que menos comulga con el estilo de Macron, votasen en contra al considerar que van a perder parte de su atractivo, pese a que sus nacionales saldrán ganando. España sí votó a favor, ya que logró sacar del acuerdo al sector del transporte por carretera, su gran línea roja.

Esta nueva directiva no será de aplicación automática, ya que, una vez sea aprobada por la Eurocámara, los ministros de Empleo acordaron establecer un periodo de trasposición de tres años a las legislaciones nacionales y un año más antes de que se empiece a aplicar la directiva. En la práctica serán cuatro años, casi el doble de lo que pedía Macron, que obviamente también tuvo que ceder.

Además de su gira por el Europa del Este en verano, también se reunió con Mariano Rajoy el pasado jueves en Bruselas en el marco del Consejo Europeo. España había advertido de que no daría su o.k. si al final no se sacaba del acuerdo al transporte por carretera, pero al final, Madrid y París pactaron una solución intermedia que arrastró también a Portugal, Rumania y Bulgaria en favor del consenso. Hubo acuerdo, ganó la «Europa que protege» y, sobre todo, Macron se anotó su primer gran tanto.

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