Londres remolonea ante la firmeza de la UE

Davis escucha en inglés la intervención en francés de Barnier. :: efe/
Davis escucha en inglés la intervención en francés de Barnier. :: efe

Bruselas desvela que Reino Unido admite la exigencia de pagar una factura por irse pero sigue jugando al despiste sin aportar cifras

ADOLFO LORENTE CORRESPONSAL BRUSELAS.

La Unión Europea y Reino Unido evidenciaron ayer que están de acuerdo en que no están de acuerdo en casi nada. Lo que mal empezó tiene aspecto de acabar mal pero, ojo, se trata de una negociación, de la madre de todas las negociaciones, y si alguien esperaba que alguna de las partes regalase algo a las primeras de cambio estaba completamente equivocado. Sigue la batalla.

La segunda ronda negociadora del 'brexit' culminó ayer en Bruselas después de cuatro días de trabajo técnico que corroboró la enorme distancia que separa a ambas partes en los dos grandes asuntos que están sobre la mesa: los derechos de los ciudadanos y la factura que deben pagar los británicos por su espantada del club, el gran caballo de batalla que puede dinamitar la negociación. La puja ha comenzado en los 100.000 millones de euros que propone Bruselas. Pensar a día de hoy que puede cerrarse un trato en octubre para empezar después a negociar el futuro acuerdo comercial es una quimera.

Londres sigue jugando al despiste. No se sabe si es una estrategia, desidia o incapacidad, pero en Bruselas siguen echándose las manos a la cabeza por el discurrir de los acontecimientos ya que la negociación es muy compleja y el tiempo escasea. El reloj sigue corriendo y a las 00.00 horas y un segundo del 30 de marzo de 2019 la UE se escribirá a 27 sin Reino Unido.

«Es indispensable que aclaren su posición para poder negociar y lograr avances suficientes sobre el capítulo financiero, que es indisociable de los otros expedientes de salida (derechos de las personas e Irlanda)», advirtió el negociador jefe de la UE, Michel Barnier. A su lado, su homólogo británico, David Davis, sostenía su auricular escuchando en inglés lo que Barnier le decía en francés. Metáforas y más metáforas, como la de aquella foto del lunes en la que el propio Davis aparecía sin papeles frente a una delegación europea que está deseando el cuerpo a cuerpo pertrechada de documentación legal.

Bruselas, oficialmente, no quiere hablar de cifras, sino de criterios sobre los que sustentar la futura factura. Sin embargo, una estimación rápida habla de un abanico de 60.000 a 100.000 millones que en Londres, de momento, despierta poco menos que carcajadas. «No es posible tener una discusión seria sobre la factura mientras no haya claridad en su posición», lamentaron fuentes comunitarias, que desvelaron que la delegación británica llegó sin cifras en la mano y se limitó a plantear un sinfín de preguntas sobre la prolija documentación recibida.

Pero hay matices. Como ensalzó Barnier, el propio Davis admitió en privado que la salida tendrá un coste. «La salida ordenada que queremos exige saldar las cuentas antes», recordó el francés. ¿Y qué dijo el hombre de Theresa May para la gran negociación? Echó balones fuera. Preguntado en un par de ocasiones sobre si admitía por fin que la UE saldrá ganando y recibirá transferencias netas de dinero, se limitó a recordar que «somos un país que reconoce sus obligaciones y sus derechos internacionales y los ejerceremos en el futuro». Lo que sí manifestó es que ambas partes deberán ser «flexibles» para poder alcanzar un acuerdo.

Tribunal de la UE

Pero si en la factura chocan, lo mismo ocurre en lo referido al capítulo de los derechos de los 4,5 millones de personas afectadas más directamente por el 'brexit'. De ellos, 3,3 millones son europeos que residen en las islas y para quienes la UE exige que se garanticen todos los derechos adquiridos hasta la fecha de la misma forma que ahora. Que nada cambie y que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) siga siendo el árbitro que decida en última instancia. «Sinceramente, no vemos otra opción posible», admitió Barnier.

Pero así como lo del TJUE es una línea roja para los 27, también lo es para Londres, cuyo odio hacia el Tribunal de Luxemburgo es llamativo. El Gobierno de May insiste en que nadie será expulsado y que los europeos serán tratados como británicos en cuestiones básicas. El problema es que un británico en territorio común tiene más derechos que un español, un italiano o un alemán en Gran Bretaña porque la legislación comunitaria es más garantista.

Sigue el tira y afloja. «Si la primera ronda (19 de junio) fue la de la organización, esta segunda fue la de la presentación y la tercera debe ser la de la clarificación», señaló el negociador jefe de la UE en un intento de recordar a Londres que el reloj sigue corriendo y que sin papeles no se va a ninguna parte. Será a finales de agosto. La duda es saber si el Gobierno de May, en plena batalla interna, los esconde o simplemente es que los ha perdido.

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