Los líderes más bravucones y volátiles negocian la paz mundial

Los dobles de Trump y Kim se han reunido ya en el parque Merlion de Singapur. :: ROSLAN RAHMAN / afp/
Los dobles de Trump y Kim se han reunido ya en el parque Merlion de Singapur. :: ROSLAN RAHMAN / afp

Cita histórica de Trump y Kim Jong-un en Singapur este martes para tratar el fin de las sanciones y la desnuclearización de Corea del Norte

ZIGOR ALDAMA SHANGHÁI.

Todavía no se han estrechado la mano, pero en Estados Unidos y en Singapur ya se comercializan medallas conmemorativas de la reunión en plata y oro. La superpotencia americana opta por una insignia con los rostros de Donald Trump y Kim Jong-un, mientras que la ciudad-Estado del sudeste asiático se centra en el esperado apretón de manos y suma una medalla de níquel a precios más populares. Quienes prefieran algo más nutritivo pueden comer una de las hamburguesas con 'kimchi' especialmente diseñadas para la ocasión en alguno de los establecimientos que corren a hacer negocio. Sin duda, la cita bien lo merece. Porque el martes los dos líderes más volátiles del planeta se sentarán a negociar el fin de las hostilidades entre las dos potencias nucleares a las que representan. No parece exagerado considerar este encuentro la cumbre del siglo.

De hecho, sobre la mesa tendrán la posibilidad de cerrar la única guerra del siglo XX que continúa abierta. La contienda coreana (1950-53) terminó en falso con un armisticio, y prueba de la tensión bélica que todavía separa a ambas mitades de la península es la zona desmilitarizada del paralelo 38, la frontera más impenetrable del planeta. Tanto la capitalista Seúl -al sur- como la comunista Pyongyang -al norte- han dejado claro que es hora de firmar un tratado de paz, pero también que conviene hacerlo con el beneplácito de Estados Unidos y de China, las dos potencias a cuyo enfrentamiento las arrastró aquella guerra.

No obstante, la cuestión más relevante del cara a cara será la desnuclearización de Corea del Norte. Es la condición sine qua non que Trump ha puesto para avanzar y Kim ya ha repetido en varias ocasiones que está dispuesto a acatarla. Claro que el diablo se esconde en los detalles y ambos dirigentes tendrán que determinar cómo se llevará a cabo esa desnuclearización: Corea del Norte apostará por un proceso gradual que se vaya premiando con el levantamiento de las diferentes sanciones que ahogan al régimen y puede incluso que proponga mantener algunas armas atómicas como garantía; pero todo apunta a que Trump exigirá un proceso conocido como CVID -completo, verificable, e irreversible- y más celeridad.

Voluntad política

Es evidente que existe voluntad política para alcanzar un acuerdo. Tanto Kim como su homólogo surcoreano, Moon Jae-in, han apostado fuerte por el proceso de paz en la península y se juegan su reputación. Según las informaciones proporcionadas por desertores norcoreanos y por los servicios de Inteligencia de Seúl, Kim ha llevado a cabo purgas notables en el seno de la cúpula del poder norcoreano -incluso ordenó la ejecución de su tío- para afianzarse y llevar las riendas de un proceso que en Pyongyang también puede tener detractores. Moon, por su parte, ha hecho de la mejora de las relaciones con Corea del Norte su seña de identidad política, y su figura sufriría una grave erosión si la esperanza que ahora inunda Corea del Sur se vuelve a convertir en frustración.

En cualquier caso, es también relevante que el resto de potencias regionales, desde China hasta Japón, se hayan involucrado en el proceso. Pekín ya ha anunciado que sus aerolíneas volverán a volar a Corea del Norte después de haber reducido drásticamente las conexiones, y diferentes empresas chinas también han reconocido en la prensa local que se preparan para el levantamiento de las sanciones y la consiguiente reanudación de la actividad comercial con el país vecino. Incluso Estados Unidos ha ofrecido ayuda humanitaria a cambio de la desnuclearización, y tanto Rusia como Japón tratan de lograr una posición en la parrilla de salida de lo que puede terminar convirtiéndose en el gran proceso de paz del siglo XXI.

Pero también cabe la posibilidad de que todo salte por los aires. El carácter impredecible de los dos mandatarios, pero sobre todo de Trump, hace que la cumbre no sea, como suele suceder en estos casos, la mera rúbrica de los acuerdos a los que han llegado previamente los emisarios de ambas partes. Buen ejemplo de ello son, precisamente, los obstáculos que ha sido necesario sortear para que ambos lleguen a Singapur. La cita ha pendido de un hilo en varias ocasiones: Corea del Norte amenazó con cancelarla y Trump lo hizo con una carta de la que se desdijo al día siguiente. Así, esta es una de las pocas cumbres internacionales en las que resulta especialmente difícil vaticinar el resultado.

Pero la mayoría de los analistas son optimistas y apuestan por un entendimiento inicial que será desarrollado en los meses siguientes. Se han dado ya pasos muy importantes, incluidas las dos cumbres intercoreanas -una de ellas inesperada- y la reunión que el vicepresidente norcoreano, Kim Yong-chol, mantuvo con Trump en el mismísimo despacho oval de la Casa Blanca. Aparentemente, el encuentro fue positivo y el exempresario accedió a garantizar que Estados Unidos no tratará de derrocar el régimen de los Kim, tal y como exige Pyongyang.

Desafortunadamente, la historia es terca y apunta en otra dirección. La desnuclearización ya se ha negociado en ocasiones anteriores, primero en la década de 1990 y después a comienzos de siglo.

El padre del actual Kim, Kim Jong-il, también accedió a demoler parte de las instalaciones nucleares norcoreanas a cambio de beneficios económicos, y los países que ahora están involucrados en el proceso actual también se sentaron frente a frente durante las negociaciones a seis bandas. Pero todo se fue al garete. Así que, una vez más, se aceptan apuestas.

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