May lanza un ultimátum al Kremlin

Theresa May, durante su discurso de ayer. Debajo, personal militar trabaja en las pesquisas sobre el envenenamiento de Skripal. :: afp/
Theresa May, durante su discurso de ayer. Debajo, personal militar trabaja en las pesquisas sobre el envenenamiento de Skripal. :: afp

La primera ministra británica atribuye a Moscú el ataque con gas nervioso contra el exespía ruso y le da 48 horas para rendir cuentas

LOURDES GÓMEZ LONDRES.

El Kremlin tiene hasta mañana para explicar la presencia en Inglaterra del gas nervioso empleado en el intento de asesinato del excoronel ruso Serguéi Skripal y su hija Yulia en Salisbury el domingo 4 de marzo. Este el plazo de tiempo anunciado por la primera ministra británica, Theresa May, tras responsabilizar a Moscú de la «acción indiscriminada y temeraria contra Reino Unido». «Es altamente probable que Rusia fue responsable de la acción contra Serguéi y Yulia Skripal», desveló en el Parlamento de Westminster.

Científicos del laboratorio militar de Porton Down, en el mismo condado inglés de Wiltshire, han vinculado el agente neurotóxico empleado en Salisbury al grupo conocido como 'Novichock', que, según afirmó Theresa May en los Comunes, «Rusia produjo en el pasado y todavía sería capaz de hacerlo». «Es obvio que Skripal y su hija fueron envenenados con un agente nervioso de uso militar de una tipología desarrollada en Rusia», puntualizó contundente la dirigente conservadora.

Miembros del Gabinete, diputados 'tories' y analistas políticos presionaron a May para adoptar una línea directa y dura contra el régimen ruso. Ayer culpó a Moscú del grave incidente tras valorar los informes de Inteligencia y ponerse al día sobre las pesquisas policiales en una reunión del Comité Nacional de Seguridad que presidió por la mañana. En la comparecencia parlamentaria emplazó con una disyuntiva al embajador de Rusia, Alexander Yakovenko, quien fue llamado a consultas en el Ministerio de Exteriores. «Solo hay dos explicaciones posibles de lo que sucedió en Salisbury: o fue una acción directa del Estado ruso contra nuestro país o el Gobierno de Moscú perdió el control de este gas nervioso de un daño potencialmente catastrófico y dejó que pasara a manos de otros», explicó.

El plazo de 48 horas puede ayudar al Ejecutivo británico a recabar apoyo internacional para su pulso contra el presidente Vladímir Putin. En ese escenario, ya ayer EE UU condenó lo ocurrido, aunque sin citar a Rusia. En cualquier caso, May adelantó en los Comunes su intención de persuadir a sus aliados «sobre la despreciable naturaleza» del ataque con una sustancia altamente tóxica en espacios públicos de Inglaterra. Un pub y el restaurante que visitaron padre e hija hace casi diez días siguen sellados.

Las autoridades sanitarias demoraron además una semana en recomendar a los que bebieron o comieron en ambos locales que desinfecten toda su ropa y demás pertenencias -desde el móvil a una pulsera- que llevaran esa trágica jornada festiva. El número de afectados puede rondar el medio millar, aunque no se esperan nuevos casos de alta contaminación entre los vecinos o visitantes de la pintoresca Salisbury.

En estado crítico

Los Skripal siguen en estado crítico pero estable en la unidad de cuidados intensivos del hospital de Wiltshire. Continúa grave un agente que presuntamente se envenenó en el domicilio del exagente militar ruso y contraespía a sueldo de los servicios de Inteligencia británicos. Otra veintena de personas ha sido tratada por molestias relacionadas con el terrorífico incidente.

May fue rotunda en su ultimátum al Kremlin. Si la respuesta del embajador sobre el origen y desarrollo del programa 'Novichock' «no es creíble» -advirtió en los Comunes- se asumirá que el ataque de Salisbury supone el «uso ilícito de fuerza por el Estado ruso contra Reino Unido». Solo entonces el Ejecutivo planteará medidas punitivas adicionales al programa vigente de sanciones contra el Kremlin. La respuesta pondrá a prueba la posición de la diplomacia británica en la era del 'brexit'. La mandataria busca el respaldo de la UE y de la OTAN a las medidas en represalia por el «osado» ataque en suelo inglés.

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