El laboratorio espacial chino se pulveriza sobre el Pacífico sur

Imagen de radar tomada el pasado mes de marzo del Tiangong-1 durante su vuelo en órbita. Abajo, una maqueta que representa el laboratorio espacial chino con tres astronautas.  /  EFE / REUTERS
Imagen de radar tomada el pasado mes de marzo del Tiangong-1 durante su vuelo en órbita. Abajo, una maqueta que representa el laboratorio espacial chino con tres astronautas. / EFE / REUTERS

El Tiangong-1 entró antes de lo previsto en la atmósfera y cayó, sin causar daños, cerca del deposito submarino de chatarra espacial

J. LUIS ALVAREZ MADRID.

No hubo espectáculo de luces, ni tampoco se lamentaron desgracias personales. De las predicciones sobre la caída a la Tierra del laboratorio espacial chino Tiangong-1 solo se cumplió la que fijaba el día para ayer. Y es que poco podían hacer los expertos por afinar sus previsiones con un módulo de ocho toneladas y el tamaño de un autobús que se precipitaba sin control alguno sobre la atmósfera terrestre a una velocidad de 26.000 km/h.

A las 8:15 horas de Pekín (2:15 en España), el laboratorio espacial experimental penetró en la atmósfera terrestre, según un escueto comunicado de la Oficina de Ingeniería Espacial Tripulada de China (CMSEO). El retorno se produjo «en la región central del Pacífico sur» y el laboratorio «quedó prácticamente calcinado en la atmósfera, según el análisis y vigilancia del Centro de Control Aeroespacial de Pekín y de otras organizaciones competentes», informó la agencia oficial china Xinhua.

Expertos y aficionados al espacio de medio mundo vieron frustrada su esperanza de grabar cómo el Tiangong-1 -Palacio Celeste-1, en español- se descomponía en mil pedazos. El ingenio fue a caer muy lejos de la trayectoria que en principio se preveía. Y es que el descontrol que ha provocado su caótica entrada en la atmósfera hizo que, tras su última órbita en la noche del domingo, los cálculos apuntaran a que amerizaría en el Atlántico sur, frente a la costa de la ciudad brasileña de Sao Paulo. Ni siquiera llegó a sobrevolar ese país sudamericano, se desplomó en un lugar indeterminado al este de la Polinesia francesa, en su vuelo en dirección noreste-suroeste.

Si los expertos y aficionados estaban expectantes, más lo estaban los militares. La red estadounidense de radares y sensores espaciales siguió la caída del laboratorio sobre el Pacífico, pero aseguró, sin indicar el punto exacto, que lo había hecho un minuto más tarde que lo indicado por el Centro de Control Aeroespacial chino. Lo único que se sabe del lugar de la caída es que el artefacto fue inopinadamente a parar muy cerca del área del Pacífico donde las agencias espaciales estampan de manera controlada los ingenios en su regreso a la Tierra.

Jonathan McDowell, astrónomo del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian, explicó que durante su trayectoria el módulo pasó el domingo sobre las ciudades Pyongyang (Corea del Norte) y Kioto (Japón). De esta manera, el vuelo hacia latitudes más al sur del Tiangong-1 redujo las probabilidades de verlo antes de que llegara a pulverizarse en mil pedazos incandescentes. «Para la gente habría sido divertido verlo», dijo McDowell a la AFP. «Lo bueno es que no causó ningún daño cuando descendió y eso es lo que nos gusta», añadió.

En este extremo sí que acertaron los responsables de la agencia espacial china, que aseguraron la semana pasada que el ingenio no iba a caer sobre zonas pobladas, en cuya trayectoria inicial sí se encontraba España. Además, desde la CMSEO habían apuntado que «la probabilidad de que un humano sea golpeado por un objeto espacial de más de 200 gramos es de una entre 700 millones».

Incinerados

Con este final, la tecnología y los secretos que el Tiangong-1 llevaba a bordo quedaron incinerados o a buen recaudo en el fondo del océano. Se trataba de la primera estación espacial que China puso en órbita, el 29 se septiembre de 2011. En sus pocos más de diez metros de largo y a 300 kilómetros de altura, sirvió, según el Gobierno de Pekín, para realizar ensayos médicos. Era una estructura muy sencilla de 3,3 metros de diámetro en su parte más ancha, a cuyos lados llevaba acoplados sendos paneles solares de siete metros de largo.

Por el módulo, que sirvió para probar los sistemas de acoplamiento de naves espaciales, pasaron seis astronautas y se llegó a grabar una serie divulgativa que fue emitida por la televisión china. La astronauta Wang Yaping hizo de presentadora desde la nave. El 16 de marzo de 2016 el laboratorio se quedó fuera de control. Seis meses después Pekín puso en órbita a su sustituto, el Tiangong-2.

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