Juncker estalla por la desidia del Parlamento Europeo

El presidente de la Comisión llama «ridícula» a la Eurocámara al ver el plenario casi vacío en un debate con el primer ministro de Malta

ADOLFO LORENTE CORRESPONSAL BRUSELAS.

Juncker emuló ayer al mejor Juncker. El pleno del Parlamento Europeo comenzó a las 8.58 horas sin sobresaltos, como siempre. Poca gente, como casi siempre. Demasiado eco, como casi siempre. El primer punto del orden del día era un balance de la presidencia maltesa, que acaba de dejar las riendas del Consejo Europeo a Letonia. A las 9.05 h. tomó la palabra el primer ministro de Malta, Joseph Muscat, para exigir solidaridad comunitaria en la crisis de los refugiados o advertir de lo complejo del 'Brexit'. Concluyó y el presidente de la institución, Antonio Tajani, cedió la palabra al presidente de la Comisión Europea. Demasiado eco, como casi siempre.

Eran las 9:16 horas. Juncker dio las gracias, los buenos días y disparó. Sin miramientos, a diestra y siniestra: «El Parlamento europeo es ridículo, muy ridículo. Saludo a la treintena de eurodiputados que se han tomado la molestia de estar en esta sala. Si el señor Muscat fuera la señora Merkel, algo difícilmente imaginable, o el señor Macron, más imaginable, habría encontrado una Cámara llena». Hacía muchísimo tiempo que no se le veía tan enojado. De hecho, llegó a golpear un par de veces su micrófono mientras gesticulaba ostensiblemente. Ojo, 30 parlamentarios de 751. El zasca fue tal y el ambiente se caldeó tanto que Tajani tuvo que intervenir exigiendo a Juncker «respeto» y que cuidase más el lenguaje empleado «porque es el Parlamento el que controla a la Comisión y no al revés». Pero el luxemburgués no cedió. «Son ridículos. Es cierto que controlan a la Comisión pero también deberían mostrar respeto cuando interviene el primer ministro de un Estado miembro», zanjó antes de loar el trabajo hecho por Malta al frente del Consejo. El acaloramiento le llevó a asegurar que ya no participaría más en un debate similar.

Quizá ni el momento ni las formas fueron los más apropiados pero, en el fondo, Juncker se erigió en portavoz de un sentir generalizado hacia el Parlamento Europeo.

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