Juncker cierra filas con Martin Selmayr, el gran cerebro de la Comisión

A. LORENTE BRUSELAS.

Es muy probable que si usted ostentara un cargo de enorme responsabilidad política también pondría un Selmayr en su vida. Porque en esto de la 'grande politique', tan relevante es la persona que sale en la foto y coloca su apellido en los títulos, como la que está detrás del foco haciendo y deshaciendo, ideando, maquinando, meciendo la cuna al ritmo que más convenga. El cerebro, el ejecutor. El poder.

En esta historia, el 'fontanero' de turno es alemán, se llama Martin Selmayr (Bonn, 1970), fue el jefe de campaña de Jean-Claude Juncker en las elecciones europeas de 2014, luego elegido su jefe de Gabinete y desde el 1 de marzo, lidera la Secretaría General de la Comisión, un puesto clave en el engranaje comunitario. Maquiavelo, Rasputín o el «monstruo del Berlaymont» (sede de la Comisión) son algunos de los sobrenombres de una de las mentes más lúcidas y temidas de Bruselas por su arroladora personalidad. O le amas o le odias. La escala de grises no existe.

Admirado por todos, incluso por sus enemigos, ha llegado al puesto después de que Juncker le promocionase de forma sorprendente provocando una enorme polvareda mediática de marcado acento francés que ha llegado incluso hasta el Parlamento donde esta tarde se debatirá sobre su designación a petición de Los Verdes, que no han dudado en sumarse al festín. Habrá ruido, sí, pero servirá de poco porque el presidente de la Comisión «no reculará». Así lo aseguran a este periódico fuentes comunitarias de toda solvencia, que tachan de «sinsentido» la polémica generada. «Solo buscan atacar a Juncker, no hay otra explicación», censuran.

Hay varias Bruselas. Está la belga, la europea y la 'Brussels bubble', esa suerte de papel couché sobre las instituciones comunitarias alimentado por cientos de corresponsales internacionales acreditados ante la UE. El 'affaire Selmayr' es uno de ellos. ¿Su elección por parte del Colegio de Comisarios fue legal? La Comisión jura y perjura que sí, que todas las normas se cumplieron «religiosamente». ¿Entonces?

Sus enemigos, que no son pocos, denuncian que ha habido trato de favor, que no se han respetado los procedimientos de concurrencia y transparencia para que otros funcionarios pudieran optar al puesto.

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