Japón ejecuta a los miembros de la secta que atentaron con gas sarín en Tokio

Los hechos se cobraron en 1995 la vida de trece personas en el metro de la capital y es el mayor ataque cometido en el país

ZIGOR ALDAMA SHANGHÁI.

Shoko Asahara, pseudónimo del fundador de la secta Verdad Suprema, fue condenado a muerte en 2004 por haber ideado la peor cadena de atentados de la historia de Japón. En total, se le consideró culpable de estar involucrado en trece ataques terroristas, incluidos los dos más mortíferos del país: trece viajeros del metro de Tokio fallecieron en 1995 a consecuencia del gas sarín que extendieron miembros de su culto, y otras ocho personas perecieron un año antes de la misma manera en un parking de Matsumoto. El tribunal lo consideró responsable de la muerte de 29 personas y de herir a miles, algunas de las cuales sufren secuelas.

Sin embargo, el intrincado proceso legal de apelaciones y los juicios que se llevaron a cabo posteriormente contra otros miembros de la secta mantuvieron a Asahara con vida hasta ayer, cuando fue ahorcado en la capital nipona. Seis de sus súbditos fueron ejecutados de la misma forma, según la ministra de Justicia, Yoko Kamikawa. Otros seis miembros de Verdad Suprema continúan en el corredor de la muerte a la espera de que se haga efectiva su sentencia, algo que no se sabe cuándo sucederá porque el país del Sol Naciente no informa de antemano sobre las ejecuciones.

Kamikawa tampoco explicó ayer por qué se ha decidido ahorcar a esos siete miembros y no a todos. Pero sí recordó «el daño y el sufrimiento de las víctimas y de sus familias» y reiteró que las ejecuciones se han llevado a cabo «después de largas deliberaciones de los tribunales». No obstante, la prensa nipona afirma que, al menos uno de los ejecutados, Yoshihiro Inoue, había pedido que se repitiese su juicio, una situación en la que Japón no suele consumar la pena capital.

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