Investigan a un enfermero alemán por 84 muertes

La Policía recopila pruebas contra Niels Högel, condenado ya a cadena perpetua por dos asesinatos y tres en grado de tentativa

JUAN CARLOS BARRENA BERLÍN.

Un enfermero alemán condenado a cadena perpetua por la muerte inducida de dos pacientes habría asesinado al menos a otras 84 personas más durante su trabajo en dos hospitales germanos. «Probablemente son muchísimos más», dijo ayer el presidente de la policía de la norteña ciudad alemana de Oldenburgo, Johann Kühme, al presentar el balance provisional de una minuciosa investigación realizada durante los últimos tres años por un equipo especial de agentes, que «esclarece su espeluznante actuación». Niels Högel, de 40 años, se auparía así a la cabeza de los asesinos en serie en la historia criminal de Alemania. Sería con diferencia el que suma más víctimas desde la Segunda Guerra Mundial.

En sendos procesos celebrados en 2006 y 2015 Högel fue condenado a pasar el resto de su vida entre rejas por seis casos -dos de asesinato, tres de intento de asesinato y uno de lesiones graves- durante su actividad como enfermero en la unidad de cuidados intensivos del hospital de Delmenhorst. Entonces quedó demostrado que, en un afán de protagonismo, el hombre inyectaba en los pacientes medicamentos que provocaban colapsos circulatorios o paros cardiacos, para seguidamente proceder a su reanimación y quedar como un héroe ante sus colegas, aunque con frecuencia no conseguía devolver a la vida a sus víctimas.

Niels Högel reconoció al ser condenado en el último de los procesos en los que fue juzgado que el número de pacientes a los que había inducido la muerte sería apreciablemente mayor, lo que dio pie a la creación de la comisión policial especial. Högel confesó entonces haber inyectado medicamentos letales a no menos de 90 personas, pero comentó no recordar todos los casos. Admitió haber actuado unicamente en la unidad de cuidados intensivos y negó haberlo hecho en sus actuaciones como sanitario de ambulancia o en sus guardias en el departamento geriátrico. Los agentes de la comisión especial 'Kardio' estudiaron cientos de actas médicas y ordenaron la exhumación de más de un centenar de cadáveres para buscar restos de los productos utilizados por el asesino.

«Lo que averiguamos resulta aún hoy terrible y supera todo lo imaginable», afirmó Kühme, quien comentó que la cifra de víctimas del enfermero sería mayor, ya que muchos casos no se podrán probar nunca debido a que los cadáveres de las víctimas fueron incinerados. Es el caso de unas 130 personas que fallecieron cuando Högel estaba de guardia hospitalaria.

El condenado pudo cometer tan abultado número de crímenes en un periodo de tiempo relativamente corto en los hospitales de Oldenburg, donde trabajó entre 1999 y 2002, y en Delmenhorst entre 2003 y 2005. En junio de ese último año fue descubierto con las manos en la masa por una enfermera cuando inyectaba a un paciente un medicamento extraño y se le detuvo poco después.

Daniela Schiereck-Bohlemann, fiscal encargada del caso, señaló que el enfermero utilizaba habitualmente cinco sustancias para provocar los paros cardíacos y colapsos circulatorios en los pacientes, entre ellas cloruro potásico, lidocaína y sotalol, lo que ha complicado los análisis. El presidente de la Policía de Oldenburgo subrayó que la investigación continúa abierta y que se esperan aún los resultados de los análisis toxicológicos realizados en 41 de los 134 cadáveres exhumados en un total de 67 cementerios.

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