El hijo de Trump aceptó «encantado» la oferta del Gobierno ruso para desprestigiar a Clinton

Donald Trump Jr., durante la convención republicana del pasado año. :: Robyn BECK / afp/
Donald Trump Jr., durante la convención republicana del pasado año. :: Robyn BECK / afp

El primogénito del presidente reconoce que en la campaña recibió revelaciones sobre la rival de su padre, pero dice que solo eran «tonterías»

MERCEDES GALLEGO NUEVA YORK.

Ya no hay duda de que la campaña de Donald Trump aceptó coordinarse con el Kremlin para reventar la candidatura de Hillary Clinton con la información que este pudiera proporcionarle. No lo dicen fuentes de ningún periódico, sino que lo ha confesado el propio Donald Trump junior al colgar en Twitter la cadena de correos electrónicos que intercambió con los intermediarios de una «abogada del Gobierno ruso» poseedora de informaciones «muy útiles para tu padre que servirán para incriminar a Hillary».

Como ciudadano de bien, obediente de la ley, el primogénito de Trump debió haber marcado en ese momento el teléfono del FBI y denunciar que Moscú intentaba interferir en el proceso electoral estadounidense. En lugar de eso respondió raudo y veloz al publicista británico Rob Goldstone, que representa a Emin Agalarov, una estrella del pop ruso cercana a Vladímir Putin. «Si es lo que dices, me encanta, especialmente a final del verano (cuando se acercasen las elecciones)». A esas alturas los piratas informáticos contratados por Rusia llevaban un año hurgando en los servidores del Partido Demócrata.

Un mes y medio después de ese primer encuentro con la letrada Natalia Veselnitskaya, que oficialmente no trabaja para Moscú pero representa a miembros de la oligarquía rusa, Wikileaks publicó los correos electrónicos que se intercambiaron altos miembros demócratas mientras conspiraban para beneficiar la candidatura de Clinton frente a la de Bernie Sanders. Esta revelación, días antes de que comenzase en Filadelfia la convención que pretendía unir al partido en torno a Clinton, provocó un cisma irreconciliable entre los seguidores de ambos.

A final del verano, como quería el hijo mayor de Trump, el portal de Julian Assange descargó otra entrega con los correos personales del jefe de campaña de Clinton. Uno de los asesores de Trump, Roger Stone, adelantó con aires misteriosos que Wikileaks estaba a punto de lanzar un obús contra Clinton.

Falta aún conectar los hilos de esas filtraciones con la campaña de Trump, pero ese es el trabajo del fiscal especial Robert Mueller y de dos comités de inteligencia del Congreso. Cuentan con la ayuda de la prensa, a la que el asesor del presidente Steve Bannon considera «la verdadera oposición».

Ha sido 'The New York Times' el que esta vez ha ido apretando las tuercas al primogénito de Trump al publicar gradualmente desde el sábado los detalles del encuentro que primero negaba y a los que luego restó importancia atribuyendo la reunión exclusivamente a un tema de adopciones, para finalmente aceptar por completo la acusación. Cuando el rotativo neoyorquino le informó de que tenía los emails y pensaba publicarlos, Donald Trump junior prefirió reventarles el scoop tuiteando una imagen de toda la cadena de emails «para ser transparente».

Según él, lo que la abogada tenía para él sobre Clinton eran «las mayores tonterías que haya oído nunca», pero lamentarse de que la caja fuerte del banco estaba vacía nunca ha sido una buena defensa para exonerar el robo.

Un nuevo nivel

Para el senador Tim Kaine, candidato a vicepresidente con Clinton, la confirmación de que la campaña de Trump tuvo contactos con el Gobierno ruso para dañar la candidatura de Clinton lleva la investigación contra la Administración Trump a un nuevo nivel. «Esto va más allá de los cargos de obstrucción a la justicia. Hablamos de perjurio, declaraciones falsas y, potencialmente, traición». Otros agregan violación a las leyes de financiación de campaña, que no solo prohíben aceptar dinero de gobiernos extranjeros, sino «cualquier otra cosa de valor».

Al menos uno de los presentes en esa reunión, el yerno del presidente Jared Kushner, omitió citar el encuentro en la declaración jurada que firmó para acceder a información clasificada como asesor de la Casa Blanca. No es el único. Varios miembros de la campaña han tenido que corregir esos «lapsos de memoria» en enmiendas a sus declaraciones oficiales, para qué hablar de sus contundentes negaciones en televisión. Todos insisten en que el presidente no sabía nada de ello, a pesar de que ese 9 de junio de 2016 se encontraba en la Torre Trump, donde se produjo.

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