«¡Mi hija está viva. Ayúdenla!»

Al menos 32 menores murieron y otros 30 siguen atrapados al colapsar una escuela de Primaria al sur de Ciudad de México

M. L. DE GUEREÑO

Rodrigo Heredia es uno de los estudiantes del colegio Enrique Rébsamen derruido por el terremoto. Según relató a Televisa, no tiene «palabras» para explicar la gravedad de lo que ocurrió. «Fue algo muy duro», confesó, todavía con un nudo en la garganta. Explicó que siguieron el protocolo de desalojo, pero la ruta de evacuación estaba bloqueada. «Salí con algunos de mis amigos y tuvimos que escalar una pared para escapar». La imagen de este centro escolar, al sur de Ciudad de México, es ya la peor imagen de la tragedia.

Él tuvo suerte. Al menos 32 de sus compañeros murieron, una decena fueron trasladados a hospitales y otros 30 aún continúan atrapados. También fallecieron 5 adultos.

La desesperación en los rostros de los servicios de emergencia y familiares era evidente. «¡Karina Rodríguez, familiares de Karina Rodríguez!». Así hasta en 30 ocasiones. Uno a uno, con un megáfono en mano, los profesionales iban llamando a gritos a los padres de los chicos desde una de las esquinas del edificio de tres plantas donde estudiaban niños de preescolar, primaria y secundaria. Hubo más llantos que alegría. La mayoría salieron muertos de allí. También profesores que entraron para tratar de salvar a los menores.

OTROS FOCOS Una familia de ocho miembros murió aplastada en una iglesia cuando celebraban un bautizo

En otro punto de la tragedia, otras familias aguardan angustiadas noticias de sus seres queridos. El tiempo corre en su contra. Algunos explican que sus niños se comunican con ellos con el teléfono móvil desde huecos entre los escombros. Fátima, por ejemplo, mandó mensajes de wasap seis horas después del colapso. «Estoy bien, estoy con otros cuatro niños atrapados, ayúdenos, tenemos sed», dijo para esperanza de sus padres. «¡Mi hija está viva, ayúdenla por favor!», repetía su madre. El reto de quienes trabajan contrarreloj es sacarlos con vida de entre los cascotes. Por la hora en que ocurrió, todos los alumnos estaban en clases.

«Es un infierno»

Un bombero citado por un medio de comunicación local no podía contener la emoción. «La situación es alarmante», explicó. Tanto que un movimiento equivocado de los servicios de emergencia acabaría con la esperanza de vida de quienes están adentro. «Es como una bomba de relojería», dijo. Afuera, cientos de hombres intentan apuntalar lo que queda en pie del edificio, para que no acabe de desplomarse.

Un diagnóstico con el que coincidía el cuerpo de bomberos de la Universidad Autónoma de México (UNAM) detalló que «el panorama es complicado. Nos tocó sacar cuerpos de niños, maestros y personal de intendencia. Varios iban heridos, otros sin vida. La labor por hacer es mucha y nos llevará toda la noche. Lo tendremos que hacer con poco margen de error, pues hay muchas vidas en juego», advirtieron.

Víctor fue uno de las personas rescatadas. Lo encontraron aplastado por una tapia. Solo podía mover el brazo derecho y la cabeza. Lo primero que dijo fue que tenía sed y que casi no podía respirar. Según explicó el enfermero Manuel Isaac, los servicios de emergencia ya no necesitan «comida, agua y ropa». Ahora lo que se requiere es medicamentos. «Hay gente agonizando, es un infierno para quienes están adentro».

Muy cerca, familias enteras quedaron atrapadas en un edificio de 8 plantas que también colapsó. No fueron los únicos. En Atzala, Puebla, una familia de ocho miembros murió aplastada por los muros de la Iglesia cuando celebraban un bautizo. En medio de tanto dolor, decenas de personas que trabajan retirando escombros se animaron embargados por las lágrimas entonando a capela 'Cielito lindo' una canción que identifica a México en el extranjero.

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