«El fuego estaba a kilómetros y en un instante lo tuvimos ya encima»

La freguesía de Avelar se convirtió en lugar de recepción de cientos de supervivientes que huyeron del incendio

AIDA M. PEREDA

La desesperación y la impotencia se palpaban ayer en los rostros de los familiares de las víctimas del despiadado incendio, mientras esperaban impacientes a que reabriesen las carreteras para poder ir en busca de sus seres queridos. Algunos lograron escapar a Avelar el sábado por la noche. Esta freguesía, perteneciente al concejo de Ansião, se convirtió en lugar de recepción de cientos de personas que huyeron del fuego. La sede del Atlético Club Avelarense se llenó de colchones, botellas de agua, zumo y piezas de fruta en un campamento improvisado, con presencia de la Cruz Roja y profesionales sanitarios. «Había mucha gente y teníamos que hacer algo. Es una tragedia», aseguraba Inácio Medeiros, presidente de este equipo de fútbol, al periódico 'Expresso'. El hospital y la Escuela Tecnológica y Profesional de Sicó se habilitaron para los casos más graves.

Quienes llegaban trataban de encontrar información sobre sus familiares. «No nos dicen nada. Nos cortaron el camino a casa y tuvimos que pasar aquí la noche», narraba Filomena Vilar. «Tengo que salir de aquí. Necesito saber de mis familiares», solicitaba un hombre. «Estoy aquí preso. Tengo a mis padres muertos en casa, en Castanheira de Pêra. Ya me lo han confirmado, pero no puedo llegar allí», lamentaba otro.

Amélia Pires, de 80 años, aseguraba al diario portugués 'Público' no haber visto en su vida una tragedia de tal magnitud. Vecina de Nuestra Señora de la Piedad, una aldea de Pedrógão Grande, se encontraba fuera cuando ocurrió todo y aunque intentó regresar a su hogar tampoco pasó de Avelar.

«Olas de mar»

En el puente de entrada a este municipio, se encontraba Fátima. Esta mujer corrió durante toda la noche, con sus dos hijas y una pareja de extranjeros y su bebé, hasta llegar a Avelar, donde se encontraron la nacional IC-8 cortada. «Mi suegro tiene 92 años y no quiso salir de casa. He conseguido hablar con mi marido ahora y él sí está bien», suspiraba aliviada pero al mismo tiempo apesadumbrada. «Donde yo vivo, en Troviscais, hay muchas casas aisladas y espero que no, pero creo que todavía van a encontrar a más personas muertas», indicaba.

Cuentan los testigos que las llamas surgieron con tal fuerza que más «parecían olas del mar» llevándose todo por delante. «La gente, en pánico, se metió en los coches para huir. Otros fueron atrapados por las llamas», indicaron. «Vi cómo un vecino del pueblo tuvo que abandonar su coche junto a la carretera y, al huir, fue alcanzado por el fuego y murió veinte metros más adelante», lamentaba Albano Graça.

«Bastaron unos segundos y todo quedó reducido a cenizas. En un instante el fuego estaba a kilómetros y en otro ya estaba encima de nosotros», aseguraba Henrique Carmo mostrando las huellas que el fuego había dejado en sus manos negras. Este vecino de Bodega, una pequeña aldea del municipio de Pedrógão Grande, logró sobrevivir a la tragedia. Miraba asustado a los cadáveres carbonizados de sus animales. «Todos los alrededores están negros», advertía.

El paisaje forestal en los 20 kilómetros de camino que separan Figueiró dos Vinos de Pedrógão Grande amanecieron arrasados. En la carretera hacia Figueiró dos Vinos, queda Ribeira de Alge, una tierra a la que desde ayer por la mañana sólo se podía acceder en un único sentido. Daniel Silva hizo varios viajes hasta el frente del fuego llevando alimentos y agua a los bomberos.

María de la Concepción, vecina de Gracia, pasó la noche del sábado en vela. «Todavía no me he ido a la cama. No puedo, tengo miedo de que el infierno vuelva», señaló.

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